Equidad y Reforma en Salud
en Colombia[1]
HERNAN MÁLAGA, MARÍA C. LATORRE, JAIME CÁRDENAS, HUMBERTO MONTIEL, CELSA SAMPSON, MARIA C. de TABORDA, RAMÓN GRANADOS T. y DESIRÉE PASTOR
Presentamos un
análisis sobre los efectos positivos y negativos de la reforma de la salud en
Colombia, indicando de manera breve los impactos que están documentados sobre la equidad. Se examinan algunos de
los problemas que tiene la reforma de la salud en su grado actual de
desarrollo.
Palabras
Claves: Equidad, reforma, impactos.
ABSTRACT
Equity and health reform in Colombia
A balance on the positive and negative effects of the health care reform
in Colombia is presented. A brief report on the impacts on equity in health
care is given and some problems related with the health care reform in its
current degree of development are examined.
Key Words: Equity,
reform, impacts.
L
|
Esta connotación de la meta mal entendida por los países produjo que se privilegiaran las acciones asistenciales concentrándose estas en los hospitales de grandes áreas urbanas, promoviéndose el uso de tecnologías de alto costo y generándose desigualdad en la distribución y en acceso a los servicios, los que fueron establecidos más que en función a las necesidades, en función al desarrollo, a valores políticos, a valores económicos y otros valores utilitarios no concordantes con la necesidad.
Además en América Latina se ha puesto en práctica un modelo de desarrollo elitista que ha creado profundas y peligrosos brechas sociales, en vez de haberse promovido un acceso de las mayorías al mercado con baja desocupación (2), por lo que las vertientes actuales de salud y desarrollo hacen necesario el redefinir las articulaciones entre la gestión de salud y las propuestas de desarrollo (3).
Estas grandes inequidades sociales constituyen el problema dominante de la salud en las Américas, por lo que la Organización Panamericana de la Salud ha interpretado estas inequidades como un llamado a la justicia social y un derrumbamiento de los muros que se han alzado hasta dejar sin esperanza a las grandes masas de humanidad que más lo necesitan (4). La búsqueda de la equidad en salud debe incluir por consiguiente, el disfrute de aquellas condiciones sociales y ambientales que tan poderosamente repercuten en la salud. La asociación entre condiciones de vida y salud, se manifiesta por las grandes diferencias en la estructura de salud, enfermedad y muerte, de acuerdo con la oportunidad de vida (5) de las poblaciones, correspondiendo su caracterización a la identificación de riesgos colectivos.
En Colombia, los municipios pueden ser clasificados según las condiciones de vida (expresadas por las NBI) de la siguiente manera: 9 % de los municipios tienen hogares con NBI de 84 a 100 %, un 15 % entre 69 y 83 % de NBI, un 25 % entre 53 y 68 % de NBI, un 25 % entre 39 y 52 % de NBI, un 23 % entre 22 y 38 % de NBI y un 3 % entre 0 y 21 % de NBI, de un total de 2 090 544 hogares estudiados, con datos procedentes del censo de 1993. En los municipios donde se tiene entre el 70 y 100 % de NBI la pobreza extrema es más prevalente y se estima en el 44 %, mientras que en los que tienen entre 0 y 29 % de NBI, esta sólo es del 3,4 %. La presencia de servicios básicos en los hogares que tienen entre el 70 y 100 % de NBI es del 44 %, mientras que en los que tienen entre el 0 y 29 % de NBI es del 81,6 %.
Esta diferencia en condiciones de vida define perfiles diferentes de salud, enfermedad y muerte de sus poblaciones. Así, por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil de los Departamentos tipo seleccionados para cada uno de los 6 estratos de NBI varía entre 91,4 por 1 000 para el Chocó a 22,8 por 1 000 en el Cauca y la tasa bruta de mortalidad por mil varía entre 8,13 en el Chocó a 5 en Bogotá (6).
La mortalidad proporcional por diarreas varía por estratos de NBI siendo esta entre el 21,7 % para el estrato 1 contra 10,2 % en el estrato 6. La tuberculosis varía entre 15,3 % para el estrato 1 a 6,8 % en el estrato 6. La desnutrición como causa de mortalidad es el 13,5 % en municipios de estrato 1 contra 3,3 % en municipios de estrato 6 y la mortalidad infantil proporcional por transmisibles pasa de ser el 29,9 % y 30,8 % en los estratos 1 y 2 a sólo 20,8 % en el estrato 6, mientras que la mortalidad proporcional por transmisibles varía entre el 9,9 % para municipios de estrato 1, contra 7,4 % en municipios de estrato 6, evidenciándose con estos indicadores la relación entre pobreza estructural y enfermedades ligadas a esta situación, concentrándose los municipios de estratos más pobres en los Departamentos de Chocó, Córdoba, Sucre, Bolívar, Magdalena y Nariño y los de los regiones de la Orinoquia y de la Amazonía, concluyendo que el perfil de la mortalidad en los estratos 1 y 2 se parece al que caracterizó a Colombia en los años 40 ó 50, el 3 a los años 70, el 4 a los 80 , el 5 a los 90 y el estrato 6 al esperado para la primera década de este milenio (6).
Con relación a las enfermedades del desarrollo, estas hacen una correlación inversa a las de la pobreza; así los tumores pasan de ser el 7,1 % de la mortalidad proporcional en el estrato 1 al 14,6 % en los municipios de estrato 6 y las enfermedades cardio–cerebro–vasculares pasan de ser el 17,4 % en el estrato 1 contra 27,6 % en el estrato 6. Sin embargo, el cáncer de útero tiene una correlación con la pobreza estructural al ser este de un 12,4 % del total de tumores en el estrato 1 y sólo del 6,5 % en el estrato 6.
La violencia, que constituye el primer problema de salud pública, presenta grandes contrastes. El país tiene una tasa de violencia de 111 por 100 000 en los varones y de 8 por 100 000 en las mujeres, no detectándose una correlación entre pobreza y violencia, puesto que uno de los departamentos más pobres de Colombia como es el Chocó, tiene la menor tasa de homicidios, 8 100 000, mientras que Antioquia, uno de los departamentos más desarrollados la tiene en 179 100 000; Sin embargo en la gran ciudad, se observa que el mayor aporte de los muertos por violencia provienen de los estratos uno y dos, más pobres (7).
A nivel urbano, en Medellín se realizó un estudio comparativo del promedio anual de años de vida perdidos por 1 000 habitantes, por subgrupo de causas y por nivel socioeconómico, siendo los promedios en el nivel socioeconómico bajo más altos que en los niveles medio y alto, en el grupo de enfermedades transmisibles, perinatales, maternas y de la nutrición; en el grupo de las no transmisibles y en el grupo de lesiones (8), por lo que en las ciudades podemos concluir que los tres tipos de problemas afectan más al grupo social pobre, corroborando que las enfermedades crónicas y degenerativas y las lesiones, no deben considerarse como signos de progreso, sino que son también enfermedades de la pobreza (9).
Cabe resaltar que si verificamos la existencia de asociaciones entre desarrollo y mortalidad por enfermedades ligadas a la pobreza estructural en tasas, las asociaciones no se dan con el menor desarrollo, como sucede con la tasa bruta de mortalidad infantil que pasa de 4 por 1 000 a 15,4 y la mortalidad general ajustada que pasa de 1,4 a 5,4 entre estratos sociales extremos. Las enfermedades transmisibles pasan de 0,12 por 1 000 a 0,41 y las perinatales pasan de 0,77 a 0,73 entre el estrato 1 y 6, a diferencia de lo observado en Venezuela, por ejemplo, en dónde existe correlación positiva entre las tasas de enfermedades transmisibles, diarreas, enfermedades respiratorias agudas, tuberculosis y tétanos neonatal, con la pobreza estructural (10). En cambio, se observa en Colombia la correlación entre las tasas de mortalidad por infarto de miocardio y el desarrollo estructural de los municipios que pasa de 5,5 por 1 000 a 54,2 entre el 1 y el 6, y la tasa de mortalidad por diabetes que pasa de 1 por 100000 en el estrato 1 a 15,4 en el 6.
La poca correlación encontrada entre la mortalidad proporcional por transmisibles y la pobreza estructural y más bien la asociación entre las tasas de enfermedades transmisibles y el desarrollo estarían explicadas por deficiencia de acceso, las que se manifiestan claramente en la correlación existente entre desarrollo y la proporción de mortalidad institucional por causa natural, la que varía del 28,6 % en el estrato 1 a 50,5 % en el estrato 6 y un 55,2 % de muerte en casa en el estrato 1 contra un 41,2 en el estrato 6.
La certificación médica de la muerte natural también varía con el desarrollo, pasando de 76.3 % en cabeceras del estrato 1 a 99,9 % en cabeceras del estrato 6, pronunciándose la inequidad en el resto al ser este de sólo 32,8 % en el estrato 1 y 98,8 % en el estrato 6.
En Colombia se ha encontrado que la mortalidad infantil está debajo de lo esperado en relación con su gasto en salud (11), dato obtenido de una muestra de países con índices de Desarrollo Humano medio, en el que se incluye Colombia. Este hecho debemos interpretarlo debido a que en el país no se ha privilegiado la promoción de la salud entendida como la satisfacción de las necesidades básicas para que la población tenga oportunidad de vida (lo que le corresponde a todo el Estado), además de la versión de promoción que promueve el autocuidado desde los servicios de salud, y a que en el acceso a los servicios de salud no se ha focalizado la intervención en las comunidades más postergadas, pudiéndose concluir que en Colombia existen dos tipos de inequidades:
·
Las inequidades en salud, producto de las
diferencias en la condiciones de vida, derivadas de la falta de justicia
social, y
·
Las inequidades en el acceso a los servicios de salud y dentro de estas,
las inequidades en el acceso a servicios de alta calidad, determinadas por una
mala distribución de respuestas a las necesidades de asistencia sanitaria,
derivadas de la falta de justicia sanitaria.
De ahí que la búsqueda de la equidad en salud la que implica que localmente todos deben tener igual oportunidad de desarrollar su potencial de salud y nadie debe estar en desventaja de alcanzar ese potencial si esta es evitable (12), debería ser la inspiración de las reformas en salud desde el Estado y desde el sector salud en el país.
La Constitución política de Colombia consagra como principio básico que el Estado colombiano está organizado en forma de “República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista”. Además, la descentralización como proceso político cuenta con un marco legal plasmado en las Leyes 60 de 1993, 141 de 1994 y 358 de 1997 que regulan los procesos de transferencias financieras a las entidades territoriales.
La Ley 60 de 1993 determina que las participaciones municipales de los ingresos corrientes de la nación crecerán del 14 % en 1994 al 22 % en el año 2002. Las distribuciones se harán con base en los siguientes criterios: el 40 % en relación directa con el número de habitantes con Necesidades Básicas Insatisfechas – NBI, el 20 % con base en el grado de pobreza relativo de cada municipio, el 6 % en correspondencia directa con la eficiencia fiscal, el 6 % por eficiencia administrativa y el otro 6 % según mejoramiento demostrado en la calidad de vida, medida como la variación en el índice de NBI entre los períodos definidos.
Mediante el artículo 22 de esta Ley fueron establecidos las prioridades básicas para la inversión municipal: el 25 % en salud, el 30 % en educación, el 20 % en agua potable, el 5 % para educación física, recreación, cultura y deporte, y el 20 % restante a criterio del alcalde o la comunidad, siempre y cuando las actividades estén contempladas en la Ley 60.
La Ley 141 de 1994 reglamenta las regalías y el Fondo Nacional de Regalías, al incrementar los recursos de la descentralización: el 47 % para los Departamentos productores, el 12,5 % para los municipios productores, el 32 % para el Fondo Nacional de Regalías. Los cuales serán destinados con base en el artículo 361 de la Constitución Política para la promoción de la minería, la preservación del medio ambiente y la financiación de proyectos regionales de inversión definidos como prioritarios en los planes de desarrollo municipal (13).
En Colombia, la Ley 100 propuso el aumento de capacidad de pago a los más pobres, el empoderamiento de las comunidades para exigir aseguramiento y prestación de servicios, superando las barreras culturales y subsidiar a la demanda, para reordenar la oferta, mejorando la accesibilidad geográfica y distribución de recursos humanos.
La aplicación de estas Leyes habría producido o produciría, entre otros, los siguientes aspectos positivos:
·
Incremento del aseguramiento
·
Incremento del gasto en salud
·
Mejoramiento en el acceso a medicamentos esenciales
·
Estado de salud y utilización de los servicios
·
Satisfacción del usuario
·
Posible mejora del sistema de
vigilancia en salud pública
En 1984 unos 2,8 millones de trabajadores habrían estado afiliados a los diferentes subsistemas de Seguridad Social y los servicios de salud respectivos cubrían directamente a unos 4,5 millones de personas (14), alcanzándose sólo del total de 26 525 670 el 27,5 % de cobertura. En una comparación efectuada con la Encuesta Nacional de Hogares de 1992, se demuestra una ampliación efectiva de la cobertura al pasar de 25,1 % en 1992 a 57,2 % en 1997 (15) discrepando de lo informado por el Ministerio de Salud, que registraba en 1997 el 52,8 % de su población asegurada (16). Actualmente se tiene un total de 13 625 878 afiliados al Régimen Contributivo y 9 365 832 en el Régimen Subsidiado, alcanzándose el 56,4 % de la población de 41 539 011, que están adscritos al Sistema General de Seguridad Social (17). Sin embargo, para la Superintendencia Nacional de Salud, habría 13 654 117 afiliados al Régimen Contributivo a Diciembre de 1999, de los cuales 1 842 786 (13,5 %) serían posibles repetidos entre EPS (18), no habiéndose podido hacer el mismo análisis con el Régimen Subsidiado por inconsistencias en la base de datos.
El
Sistema General de Seguridad Social, asegura la accesibilidad a los medicamentos
esenciales, alrededor de 350 fármacos, en el Plan Obligatorio de Salud (POS),
para los asegurados en el régimen contributivo, con restricción para los del régimen subsidiado y sin definir
normativamente para la población no vinculada al sistema, aunque se garantizan
los medicamentos prescritos en atención básica. Igualmente se crean las
condiciones para actualizar la
normatividad, garantizar la calidad de los medicamentos y promover su
uso racional (22,23).
En 1995, los medicamentos esenciales representaban mas del 70 % de las prescripciones en el 73 % de los hospitales públicos, el 62,5 % de las ventas del 76,8 % de las farmacias privadas, estimándose que el 95 % de estos son fabricados en el país y que el valor del gasto público per capita en medicamentos era de US $ 28,8 (24), elevándose este gasto a US $ 30,2 en 1998 (25).
En 1999, se midió la aplicabilidad de la política, en pacientes con diabetes mellitus –DM, en tres ciudades de Colombia y se encontró que al 91,5 % de los pacientes con DM se les prescribieron medicamentos del POS sin presentarse diferencias significativas entre los regímenes y las ciudades; los medicamentos prescritos fueron despachados sin costo en un 43,8 %, encontrándose diferencias significativas entre el régimen contributivo (77 %), subsidiado (16,9 %) y vinculado 4,6 %. Igualmente se presentaron diferencias significativas entre ciudades, en Medellín (37,7 %), en Manizales (70,1 %) y en El Espinal (64,7 %). Al 56 % de los pacientes no le fueron entregados los medicamentos prescritos, quienes tuvieron que comprarlos, encontrándose diferencias en cuanto al sitio de adquisición por parte de los pacientes entre los régimenes y las ciudades, el motivo de compra manifestado en un 32,5 % fue “no cubría”, la entidad no lo quiso suministrar en el 28 %, por el pago parcial (pacientes vinculados) en el 8,8 % y por la cuota moderadora en el 2,8 %. El 94,2 % de los pacientes manifiestan haber recibido explicación sobre el uso, la posología y la cantidad a tomar (26).
La Defensoría del Pueblo encontró que el 32,7 % de los beneficiarios y 34,9 % de los cotizantes del régimen contributivo no recibieron los medicamentos, así como el 43,9 % en el régimen subsidiado y 44,3 % de los vinculados tampoco; el rango de satisfacción en la entrega de medicamentos según el nivel de educación va desde 51,4 % de los encuestados con ninguna educación hasta el 78,6 % de lo encuestados con nivel postgrado; al 93.7 % de los encuestados les explicaron para qué eran los medicamentos y cómo tomarlos, sin encontrarse diferencias significativas por región, género y tipo de afiliación (27).
Observando el comportamiento del porcentaje de prescripción de medicamentos esenciales del 70 % en 1995 en hospitales públicos, 62 % en centros de atención en 1997 y de 91,5 % en pacientes diabéticos en tres ciudades y 89,6 % en un hospital de primer nivel de atención en 1999 se puede decir que hay una tendencia a aumentar la correspondencia de medicamentos prescritos con los medicamentos esenciales, lo que implicaría de una parte una selección adecuada a las necesidades del país y de otra, que hay conocimiento de la reglamentación por parte de los prescriptores.
Legalmente el acceso a los medicamentos
esenciales debió aumentar en la misma proporción que la cobertura del sistema
de salud, sin embargo en los estudios descritos encontramos que existen
inequidades respecto al régimen y a la
ciudad, que los copagos y las cuotas moderadoras constituyen barreras de acceso
y que la insatisfacción de la demanda medida en términos de los medicamentos
prescritos no entregados varía en tres de los estudios, entre el 10,4 % al 56
%.
En la Encuesta Nacional de Salud el 67,4 % de los colombianos cualificó como muy bueno o bueno su estado de salud y el 32,6 % como regular o malo. Entre los afiliados el 13,1 % la califica como muy buena en comparación con los no afiliados con 9,5 %. La consulta preventiva al médico o al odontólogo una vez al año fue del 46 % en los afiliados contra solo 32,1 % en los no afiliados, habiendo estado hospitalizados el 8,4 % de los afiliados y el 5,3 % de los no afiliados.
Además los afiliados con
padecimientos crónicos, asistían a consulta periódica en un 72,1 % contra 55,6
% en los vinculados y los afiliados
acuden en mayor proporción (80,7 %) a instituciones de salud y los no
afiliados solamente en un 66,9 %, siendo la automedicación más prevalente en
estos últimos, existiendo diferencias significativas en las 5 comparaciones
(28).
Con el propósito de acabar con posiciones de mejorías o deterioros por parte de los expertos y allegados al Sector Salud, al hablar del tema de la calidad, la Defensoría del Pueblo, ha tratado de configurar una línea de base sobre el tema, en especial en sus componentes funcionales o de satisfacción de los usuarios del actual Sistema de Seguridad Social, en el que participaron 2 365 usuarios, denominada “Encuesta Nacional de Calidad en Salud percibida por los Usuarios”. Se han encontrado los siguientes resultados: 1 628 manifestaron estar afiliados a algunos de los regímenes, mientras que 737 respondieron no tener ningún tipo de afiliación. Los afiliados al Sistema en el Régimen Subsidiado aportan el 43 % y en el Régimen Contributivo el restante 57 %, caracterizándose entre otros lo siguiente:
§
Percepción del servicio médico general: 2 360 encuestados informaron al respecto. De estos el 75,3 % asistió a consulta y el 24,7 % no
lo hicieron. De quienes asistieron a este servicio el 4,1 % considera que no le
examinaron y el 95,9 % considera que si fueron examinados, el 63,6 %
manifiesta que le ordenaron exámenes de laboratorio y el 78,2 % que le
formularon medicamentos. En términos de oportunidad los días transcurridos
entre la solicitud de la consulta y su realización el 42,7 % manifiesta que se
realizó el primer día, el 8,7 % el día siguiente y el 6 % al tercer día. De los
que asistieron a consulta general el 91,4 % indica que le realizaron historia
clínica, el 80,4 % que le explicaron la naturaleza de sus molestias y el 52 %
que le recomendaron modificaciones en su estilo de vida. Al calificar la
atención en general de uno a cinco, se hace referencia al trato y amabilidad,
las instalaciones y la información recibida entre otros factores, el 36,5 % de
los encuestados calificaron la atención general con 4 y el 34,9 % con 5 y con
calificaciones inferiores a 3, el 7,6 % de los usuarios, calificando la
atención dada por el médico general en forma específica el 82,5 % de los
usuarios con entre 4 y 5 puntos mientras que las calificaciones inferiores a 3
fueron referidas por el 4,9 % de los usuarios.
§
Percepción del servicio médico especializado: del total de 1 530 encuestados,
usuarios de los servicios médicos especializados el 42,5 % pudo escoger al
especialista, mientras que el restante 57,5 % no lo pudo hacer. Con respecto al
número de días entre la solicitud de la cita y la realización de la consulta, 1
252 personas de los 1 530 usuarios encuestados respondieron, un 50 % informó haber esperado 7 o menos
días, al 80,1 % le explicaron la naturaleza de su molestia, al 9,9 % no y no
informó el 9,9 %. De 1 530 usuarios del servicio especializado, informaron que
volverían a ese mismo especialista el 81 %, que no lo harían el 8,3 % y no informó
el 10,7 %. El 49 % de los usuarios califica los servicios del especialista con
5 y el 27,6 % lo hace con 4.
§
Percepción sobre las entidades de salud: de los 1 599 usuarios efectivamente
afiliados 1 461 respondieron esta pregunta, de los cuales 88,5 % refieren que
la institución a la cual pertenecen le ha facilitado el acceso a los Servicios
de Salud, mientras que el 11,5 % refiere que no se les ha facilitado el
acceso. De las personas afiliadas el 18,5 % ha pensado en cambiarse de la
institución a la cual pertenece, el 81,5 % refiere no haber pensado en ello.
El 18 % de personas que manifestaron su intención de cambiar de Institución la
principal causa fue el mal servicio con un 33,9 %, seguido por la poca
seguridad o insatisfacción con un 29,4 % y la demora en la atención con un 9,1
%, siendo que la calificación de las Institución a la cual pertenece también en
escala de 1 a 5 muestra un predominio de notas altas 4 y 5, las cuales representan
el 73 % de todas las opiniones, mientras que la nota más baja fue asignada por
el 2,8 % de los usuarios.
§
Percepción sobre servicios de promoción y prevención: en esto se obtuvieron
las peores calificaciones de los encuestados ya que de los 737 vinculados 427
respondieron a esta pregunta, habiendo registrado, que le informaron como
mantener y mejorar su salud el 33 %. En los 2 628 afiliados encuestados algunos
de ellos respondieron sobre sus EPS o ARS en realización a las invitaciones
que recibieran de estas a realizarse exámenes preventivos, asistir a charlas y
conferencias relacionadas con su hábitos de vida sana, encontrándose respuestas
afirmativas en el 46,6 %, obteniendo los servicios de promoción y prevención
una calificación de 1 en el 17,9 %, de
2 en el 18,2 %, de 3 en el 28,2 %, de 4 en el 20,8 % y de 5 en el 14,9 %, reflejando
estas notas, que es el área peor calificada por la población encuestada.
Periodo
1973-1993
El sistema creado dos
décadas antes de la ley 100, se caracterizó por la incompleta cobertura del
sistema, falta de oportunidad, la discutible calidad y la escasa utilización de
la información, así como de la reducida difusión de la información y de los
resultados de su análisis e interpretación. Por otra parte, no se definieron
con claridad las políticas de formación del recurso humano de los servicios
locales de salud.
La ley 9 o
Código Sanitario Nacional en su titulo VII y su decreto reglamentario 1562 de
1984 le dio marco legal a la vigilancia y control epidemiológicos
estableciendo las definiciones técnicas de la vigilancia epidemiológica, la
obligatoriedad de la notificación de acuerdo a las competencias y niveles de
atención así como la estructura y mecanismos de notificación.
Periodo
1993-1996
Posteriormente luego de la
desarticulación del equipo central de epidemiología en 1990, con el propósito
de integrar la disciplina a cada una de las dependencias que la utilizan como
herramienta, lo cual no funcionó y por el contrario se crearon o fortalecieron
sistemas paralelos al sistema de vigilancia tradicional, conservando
inmodificables el flujo y los instrumentos de recolección de información,
recargados de eventos a vigilar sin establecer responsabilidades claras de
análisis y difusión. A esto se sumó el desconocimiento de los avances
tecnológicos en informática y el estancamiento en la vinculación del recurso
humano con formación epidemiológica al nivel central. En resumen se desconoció
la importancia, la utilidad y la necesidad de modernizar la vigilancia en salud
publica adecuándola a los nuevos escenarios políticos, administrativos y
fiscales del país. La ley 60 de 1993 en su articulo 14, establece requisitos
para la administración autónoma del situado fiscal por los territorios sobre la
base del perfil epidemiológico, lo que requeriría fortalecer el equipo laboral
en la recolección, análisis y uso de la información..
Periodo
1996-2000
La Ley 100, establece un
sistema único de seguridad social en el cual participa el sector privado, por
lo que se desarrollara un sistema unificado de información y de vigilancia en
salud publica. La descentralización requiere la elaboración de planes de salud
locales que incluyen los planes de atención básica (PAB), acordes con
necesidades y perfiles epidemiológicos específicos, lo cual implica el
fortalecimiento de la vigilancia como herramienta indispensable para los entes
territoriales. La ley 100 mantiene la obligatoriedad de las anteriores
reglamentaciones y condiciona la acreditación de las nuevas IPS y las extiende
a nuevos actores del sistema como son las EPS.
La ley
establece la organización de un sistema de información único en el ámbito
nacional, el sistema de vigilancia epidemiológica que hace parte del primero,
se supone será favorecido en lo que respecta a la oportunidad en la recolección
y la transmisión de la información por el desarrollo tecnológico alcanzado y
porque estará vinculado a un registro único de atención y facturación (RIA).
Sin embargo actualmente se mantienen las características del sistema de
vigilancia descritas para el período 1996-2000, donde a pesar de haber casi
cuadruplicado el número de unidades notificadoras (de 1 179 a 4 100), se reporta información de eventos
procedentes de menos unidades informantes, que las que notificaban en el
período 1993-1996, concentrándose la
información en los Departamentos y ciudades mas desarrolladas. Finalmente es
evidente que la actividad de vigilancia deberá estar apoyada en un desarrollo
adecuado de la red de laboratorios de salud publica del país.
Sin embargo la búsqueda de la justicia social y sanitaria, tiene en su implementación algunos desvíos, entre ellos:
o
No focalización en áreas dónde no hay acceso a los servicios de salud.
o
Diferencias en los niveles de desarrollo de la red de Instituciones
Prestadoras de Servicios a nivel municipal.
o
Deterioro de programas específicos.
o
Persistencia de la Inequidad en la distribución de recursos humanos.
o
Desintegración de la red de
servicios de salud.
o
No mejoramiento de la calidad en los servicios de las IPS.
o
No priorización de la prevención y la promoción por las EPS, ARS
y alcaldías.
o
Desviación de recursos a favor de intermediarios financieros.
No focalización en aéreas
dónde no hay acceso a los servicios
La búsqueda de
la igualdad sanitaria se logra cumpliendo el principio de que “a igualdad de
necesidades igual de acceso a la atención disponible, a igualdad de
necesidades igual utilización, igual calidad de la atención para todos” (12).
Esta premisa debería de ser el eje conductor de los procesos de reforma del
sector salud, sin embargo este principio no ha sido seguido, toda vez que al
estimar si existe correlación entre el porcentaje de población con NBI de los
diferentes Departamentos, con el avance en el porcentaje de población con NBI
afiliada al Régimen Subsidiado hemos encontrado que no existe una asociación
entre pobreza y la inscripción al régimen subsidiado, encontrándose un
coeficiente de correlación r = - 0,23 que explica lo observado a Diciembre
de 1997 en el que de 16 Departamentos que tienen más de 50 % de NBI, sólo en 5
se alcanzó una afiliación por encima de la mediana del país (40 % de su población pobre), mientras que
en 17 de los Departamentos que tienen menos del 50 % de NBI este había
avanzado en doce (30). Este resultado influenció un cambio de política,
expresando en el Plan de Desarrollo en Salud para los años 1999 – 2002, al
afirmar que el incremento de cupos en la cobertura del Régimen Subsidiado se
hará teniendo en cuenta principalmente los niveles de NBI y de menor cobertura
de los diferentes municipios, y se corregirá el desequilibrio existente entre
las diferentes regiones del país. El nivel nacional a través del FOSYGA
destinará mayores recursos para los municipios con mayor NBI y menor cobertura
para cumplir con el principio de equidad y obligatoriedad de que habla la Ley
100 de 1993 (31). Siendo la necesidad de esta decisión corroborada, a Diciembre
de 1998 por la Superintendencia Nacional de Salud al cumplir con su objetivo
central de regular el servicio público esencial de salud y crear condiciones de
acceso de toda la población al servicio de todos los niveles de atención, encontrando
que al alcanzar una cobertura del 57,5 % en la población con NBI las brechas
posiblemente se habrían incrementado, porque de los 23 Departamentos que
tienen más de 36,5 % de NBI sólo ocho pasaron la proporción nacional de aseguramiento del 57,5 %, mientras que en
los 11 Departamentos más desarrollados con menos de 36,5 % de NBI, ocho
pasaron el porcentaje nacional (32).
Por
estos antecedentes la Superintendencia Nacional de Salud con la cooperación
técnica de la OPS ha establecido un proceso de monitoreo del cumplimiento de la
norma, evaluándose nuevamente la situación a Diciembre 1999, encontrándose que
continuaron seis de los nueve Departamentos con menos de 37,5 %, por encima de
la proporción nacional de aseguramiento del Régimen Subsidiado del 59,8 %,
mientras que en los que tienen más del 37,5 % de NBI sólo 4 de los 24 pasaron
la proporción nacional de
aseguramiento. Posiblemente, el propósito de la política establecida no cumplió
su objetivo por la interferencia del terremoto en el Eje Cafetero, pues el
Departamento del Quindío fue privilegiado, alcanzando el 100 % de afiliación
de su población pobre al Régimen Subsidiado y además por ajustarse las bases de
datos, varios departamentos bajaron sus coberturas de afiliados (33).
Es
relevante destacar que estos estudios comienzan a tener repercusión como la
detectada por Tabima en Pereira, quien cuestiona que Bogotá, teniendo un NBI
de sólo el 17,3 % ostenta un porcentaje de afiliación de su población pobre del
88,7 % mientras que Pereira con 23,6 % de NBI sólo tiene afiliada al 44 % de su
población pobre, continuando la pobreza de las acciones de acompañamiento,
vigilancia y control del Estado en el proceso de aseguramiento (34).
Diferentes niveles de
desarrollo de las redes de IPS a nivel municipal y/o Departamental
En los procesos de Reforma surgen nuevos autores y nuevas responsabilidades. En Colombia, el nivel central retuvo las funciones de definir políticas, prestar asesorías, dar apoyo y llevar a cabo la vigilancia y el control. A los Departamentos les corresponde adaptar las políticas y dar asesoría, además de realizar la vigilancia y el control y los Municipios planifican y ejecutan los programas de prevención y control, integrados dentro del Plan de Atención Básica (35). En el Programa Ampliado de Inmunizaciones, se ha querido evaluar el efecto de esta descentralización, en las coberturas de las inmunizaciones estudiándose doce Municipios, seis de ellos descentralizados y seis no descentralizados con similares porcentajes de NBI, en los que previamente existía una sede del programa ubicada en el Hospital o Centro de Salud más grande. En uno de ellos se suspendió el programa de vacunación del Hospital y se trasladó a la Secretaría de Salud Municipal que funciona en un local no identificado por la comunidad. Sin embargo, los datos obtenidos no fueron suficientes para realizar un análisis más completo que permitiera, por ejemplo, realizar comparaciones de cobertura entre pares de Municipios por todos los biológicos. En este estudio, se detectó el problema de que el vacunador debe identificar el régimen al que pertenece el usuario para estimar quien factura y a quien se le carga la factura dificultándose el programa, además el presupuesto asignado por vacunación en los Municipios puede ser utilizado para otros fines, que la autoridad competente considere de mayor prioridad (36).
La evolución de las coberturas de vacunación con antipoliomelítica, al comparar los periodos 1995–1996, (fases previas a la descentralización) vs 1997–1998 por Departamentos, en relación a la proporción de población con NBI evidencia un claro deterioro, correlacionado con las condiciones de vida, es decir en los Departamentos donde el porcentaje de NBI es mayor, la diferencia en las disminuciones de las coberturas es también mayor, que en los Departamentos donde existen mejores condiciones de vida, evidenciándose diferencias en el desarrollo de los servicios. Esta caída de cobertura de vacunación es prevalente en todas las vacunas, a partir de 1997, siendo mas evidente, en unos Departamentos que en otros (37), habiendo diferencias marcadas entre áreas urbanas y rurales, privilegiándose a las primeras.
Por otro lado, hay inequidad en la entrega de servicios de vacunación a los afiliados del ISS que viven en zonas rurales donde no hay cobertura directa por esta institución y dónde son rechazados por las IPS públicas o privadas por no mediar un contrato, o sencillamente por amonestación al no haber conciliación de cuentas de facturación con el ISS, además la movilización de brigadas de vacunación al área rural se dificulta por la disponibilidad financiera extemporánea del PAB, que no permite el pago de viáticos y transporte hasta casi mitad del año.
La pobre respuesta de las EPS y ARS para conseguir las coberturas útiles de vacunación de sus afiliados puede deberse a un desconocimiento del estado de vacunación de sus afiliados.
En cuanto a malaria se ha realizado igualmente un informe de evaluación del Programa de Control en Colombia, en el que encontró que existe una desigualdad en el grado de desarrollo de los servicios de salud y en su grado de compromiso con el programa, factores estos que determinan la implementación de acciones sostenibles para lograr impactar realmente el comportamiento de la patología y que en general la vigilancia epidemiológica presenta fallas, especialmente en el Sistema de Información, que no se ha logrado unificar, ya que se manejan registros diferentes en cada Departamento. También es una deficiencia del Sistema de Información, la falta de sistematización de la información sobre las enfermedades de transmisión vectorial y esta información no se analiza de manera uniforme en los diferentes entes territoriales (35).
Los principales problemas a nivel local en el control de la malaria además de la falta de continuidad de las acciones, la baja cobertura en diagnóstico y tratamiento, la inestabilidad laboral del recurso humano capacitado, la mala utilización de los recursos, las acciones de control vectorial que no son orientadas con base en los hallazgos de estudios entomológicos y la escasa participación social, lo que ha ocasionado una tendencia clara y sostenida desde 1996, alcanzando en el 98 la mayor tasa de incidencia de las últimas dos décadas.
Deterioro de programas
específicos
El programa de
protección de alimentos, que tenía claramente estipulada sus responsabilidades
en el nivel nacional, departamental y municipal en la Ley 9, quedó desconocido
en la Ley 100, al incorporar el programa dentro del PAB, en el cual los
gobernadores y alcaldes pueden disponer de los recursos para su ejecución,
habiéndose elaborado planes de reestructuración, con disminución de personal,
como por ejemplo en Nariño, en dónde se han reducido de 300 a 37 los funcionarios
responsables de este programa, nombrando funcionarios no idóneos (38) y por
ejemplo en los mataderos que antes contaban con inspección veterinaria, actualmente en mucho de ellos
ya no existe inspección.
Con
relación a los programas de control de zoonosis el Estado proporciona el
biológico, pero estos no pueden ser aplicados en forma debida por falta de
personal ya que las EPS no se responsabilizan en la aplicación de vacunas y
sueros en personas mordidas, no contándose en ocasiones con el biológico.
La
tuberculosis representa en la actualidad uno de los problemas prevalentes más
graves en Colombia. Un promedio de 10 000 casos nuevos de tuberculosis se
están diagnosticando en el país, sin embargo se cree que existe un subregistro
de casos del orden del 25% debido a que no se están realizando actividades de
búsqueda activa (39).
La
tendencia a la disminución en la incidencia de la tuberculosis en Colombia no
es cierta y se debe a múltiples factores entre los que pueden citarse: la
disminución de la importancia por parte de personal salud hacia esa patología
debido a la influencia de lo sucedido en países desarrollados, con la
consecuente disminución en la búsqueda de sintomáticos respiratorios, y al
desconocimiento por parte de los actores del Sistema General de Seguridad
Social en Salud de las competencias y responsabilidades para el control de la
TBC en el PAB y en el POS.
La
mejor estrategia preventiva para la TBC consiste en la búsqueda de
personas con tos más de 15 días de
evolución (sintomáticos respiratorios), a quienes debe realizarse una
baciloscopia seriada de esputo, para llegar tempranamente al diagnóstico de
los enfermos y proceder en consecuencia a suministrarle el tratamiento acortado
supervisado para obtener su curación, con lo que se logra cortar la cadena de
transmisión del bacilo.
Siempre
hay que tener en cuenta que antes de poder hablar de una disminución de casos
de tuberculosis, se debe pensar que lo que existe es una disminución en la
búsqueda de sintomáticos respiratorios con una consecuente disminución en el
número de casos diagnosticados.
El
hecho de que la mayoría de los casos diagnosticados en Colombia tengan
baciloscopia de esputo positiva debe alertarnos, toda vez que es posible que no
se esté haciendo un adecuado y suficiente ejercicio diagnóstico con los
sospechosos de tuberculosis y de otro lado preocupa que hay una elevada
proporción de fuentes de infección que perpetuarán la cadena de transmisión de
la enfermedad.
En
el Departamento del Cauca la tendencia de la tuberculosis entre 1993 y 1996 era
al descenso. Al iniciar sus actividades un grupo multidisciplinario e
interagencial para aplicar la estrategia del tratamiento supervisado a los casos
de TBC, detectó un incremento de 9,9 por 10 000 habitantes a 45,5 por 10 000
para el año 1999 (40).
En
el caso de la lepra, su gravedad como problema de salud pública, no sólo debe
evaluarse por las tasas de prevalencia y de detección, sino que se debe tomar
en cuenta el grado de discapacidad que esta ocasiona lo cual tiene
trascendencia social y un gran impacto económico.
Cuando
analizamos la tendencia de las tasas de prevalencia observamos un descenso
franco que va 4,8 por 10 000 habitantes en 1987 a 0,47 en 1999. Esto se debe a la
introducción de la poliquimioterapia supervisada y la actualización de los
registros de casos.
Al
observar la tasa de detección (prevalencia pasiva) notamos que durante los últimos tres años (1997–1999) esta se
mantiene estable, con el agravante que los pacientes con discapacidad van en
aumento, esto es un indicador que la detección de pacientes se está realizando
tardíamente (41).
La
incidencia de sífilis congénita en Colombia venía disminuyendo en los últimos
15 años con tasas que van de 0,97 por mil nacidos vivos en 1985 a 0,37 en 1997,
pero en los dos últimos años, la vigilancia de la enfermedad apoyada en el Plan
de Eliminación de Sífilis Congénita, favorece la búsqueda activa y permite
corregir el subregistro dando como resultado un incremento en el número de
casos.
Aunque
las tendencias en sífilis congénita pueden estar influenciadas por efectos del
reporte, la tendencia al aumento de la incidencia observada a partir de los
datos del SIVIGILA, parecen reales si asumimos un comportamiento similar a
otras enfermedades de transmisión sexual que están en franco aumento. En ese
caso estaríamos alejándonos de la meta del Plan de Eliminación de 0,5 casos por
1 000 nacidos vivos para el año 2000, toda vez que la incidencia fue de 0,62 y
0,77 casos por 1 000 nacidos vivos en 1998 y 1999, respectivamente.
Persistencia de
la inequidad de la distribución del recurso humano en salud
Existe una gran
cantidad de factores que explican esa distribución inequitativa, desde el
punto de vista geográfico, muchas de las cuales han existido siempre en
Colombia, pero se han acentuado severamente en los últimos años: la
discordancia entre el perfil profesional y ocupacional, la insuficiencia de
prácticas en el pregrado en escenarios diferentes al hospital de alta complejidad,
la interferencia de esa ubicación con el cumplimiento de otros roles personales
de manera satisfactoria (ser mujer, estar casado, poder acceder educación y
servicios médicos y recreativos para sí mismo y la familia, etc.) el contar con
una infraestructura tecnológica y con medios de transporte y red de referencia
que aseguren un ejercicio técnico y ético y finalmente que la población de
usuarios tenga una mínimas condiciones de calidad de vida.
En
Colombia, la inequidad en la distribución es mayor en cuanto a recurso humano
profesional y en el caso específico de médicos, de recurso especializado. En
principio el recurso médico se concentra en las ciudades y en los últimos años
la concentración se ha acentuado en las grandes ciudades como Medellín,
Barranquilla, Cali y Bogotá y en las ciudades del Eje Cafetero y Tolima.
Dentro de las mismas ciudades hay igualmente una distribución inequitativa,
habiendo una desprotección de las zonas periféricas y más deprimidas socio
económicamente existen zonas tradicionalmente desprotegidas de recurso
profesional, como es el caso de la Costa Pacífica y la Región de los Llanos
Orientales y algunas zonas de la Costa Atlántica y del Magdalena Medio.
En
1968 ASCOFAME encontró que había 8 000 médicos en actividad para 17 484 508
habitantes según el censo de 1964, lo cual representaba una tasa de 4,6 médicos
por 10 000 habitantes o 1 médico por cada 2 200 habitantes y solamente 1 170
enfermeras (0.67 por 10 000) y 3 500 auxiliares. El 74,2 % de los médicos se
hallaban ubicados en las capitales, 16,6 % en localidades de más de 20 000
habitantes y 9,2 % en localidades de menos de 20 000 habitantes (42)
Investigaciones
acerca de distribución de profesionales
de la salud son muy escasas y se refieren fundamentalmente a la distribución
nacional de médicos generales y especialistas y al mercado laboral de
odontólogos en la ciudad de Medellín. Sin embargo el análisis de su
distribución de los médicos puede dar
una idea de lo que esta ocurriendo con la totalidad de los profesionales
de la salud.
Analizando
la base de datos de ASCOFAME y el
estudio sobre medicina especializada realizado por Roselli y colaboradores en
el año pasado podemos establecer que el país cuenta aproximadamente con 43 166
médicos, lo cual indica una tasa de 10,4 médicos por 10 mil habitantes, cifra
2,4 veces mayor a la de hace 30 años. De ese total 24 717 (57,3 %) son médicos
generales y de ellos el 26,4 % se
encuentran en Bogotá.
La
concentración de especialistas se encuentra en Bogotá, Cali, Medellín y
Barranquilla, donde trabajan cerca del 62 %. Solamente Bogotá concentra el
mayor número de ellos (41 % según ASCOFAME y 35 % según Roselli), en las cuales
en promedio se halló una proporción de 1,33 médicos generales por especialista, proporción que es más o
menos similar en las grandes ciudades pero que se invierte notoriamente en
Medellín (0,85) y Bogotá (0,86); solamente los gineco-obstetras tienen una
distribución muy equilibrada, de todos los demás existe una distribución
irregular, así por ejemplo existe una alta concentración de psiquiatras y
neumólogos en Bogotá. (43,44).
Con
la autonomía de las autoridades locales en los últimos dos años, se han ido
cerrando las plazas para el cumplimiento del Servicio Social Obligatorio. Las
plazas se cancelan definitivamente o son reemplazadas por personal de
diferentes categorías, no siempre con la requerida competencia. En la menor
parte de los casos, las plazas son reemplazadas por el nombramiento de
personal profesional calificado y pertinente que ya ha cumplido con su Servicio Social Obligatorio.
En
lo referente a personal auxiliar, tanto para la atención de salud humana como
ambiental, con la vigencia de la Ley 100 y los procesos de descentralización,
ha ocurrido un gran cambio en los perfiles ocupacionales a veces con
sustitución de sus funciones por personal no suficiente o pertinentemente
calificado. Especialmente los promotores han visto muy desregulado su mercado
laboral, pues su vinculación al trabajo ha sido transferida de los hospitales
locales a los alcaldes, que a menudo no la han asumido y en muchos sitios se
les impide desarrollar las labores de atención individual que cumplían.
Desintegración de la red de
servicios de salud
Durante una
larga experiencia los sistemas locales de salud significaron el intento
político y técnico de armonizar la lógica de la epidemiología con la de la
participación social, así como con las economías de escala y la organización
de servicios de salud articulados, en los cuales los servicios y el personal
de salud más especializado apoyaban la gestión de equipos de salud de atención
primaria. Con este tipo de organización, los servicios de salud podían
resolver en el nivel primario cerca del 80 % de los problemas de salud de la
población de su área de responsabilidad. Asimismo, la articulación de los
distintos niveles de atención y escalones de complejidad, permitía la
continuidad y progresividad de la atención, que comienza en la comunidad y que
concluye con la solución o resolución del problema de salud correspondiente.
Con el modelo de reforma institucional de los servicios de salud en curso, se ha observado una tendencia de los establecimientos de salud a una operación aislada, que conspira contra el trabajo conjunto en función de estrategias de ataque en red, ante los problemas de salud que tiene la comunidad. La descentralización de los sistemas locales e intermedios de salud se entendió como autonomía o autarquía de los sistemas regionales y locales y realmente no se acompañó de adecuadas transferencias de competencias ni de recursos tecnológicos y financieros. Un problema ha sido el insuficiente desarrollo del talento humano en lo relacionado con conocimientos y habilidades para la conducción y la gerencia de redes y epidemiológicos en función de la gestión científica de los sistemas locales de salud. Un gran vacío para la gerencia social de los procesos de producción social de la salud y de desarrollo de municipios y localidades saludables ha sido la falencia de capacidades para la negociación y concertación de compromisos de desempeño en salud. Los deterioros de la autoridad sanitaria nacional para ejercer las funciones esenciales de salud pública, a su vez, han hecho de la descentralización un verdadero problema para la coordinación sistémica en los sistemas de salud.
A lo anterior se ha agregado que la descentralización de los servicios de salud hacia el mercado no es coherente con la división político administrativa del país lo cual ha impedido que se armonicen las lógicas de la democracia y la participación (basadas en las leyes de organización y funcionamiento de municipios y departamentos) de la epidemiología (basadas en espacios población geográficamente definidos en un tiempo dado), de los servicios (basadas en niveles de resolución tecnológica articulados frente a estrategias de ataque únicas y en la economía de escala) con la lógica del mercado que no se acomoda necesariamente a un espacio geográfico poblacional y cuyo objetivo es el lucro y la rentabilidad económica, por lo que las EPS se dedican a fortalecer su patrimonio institucional, creando nuevas IPS, las que se instalan con el objetivo de ganar mercado (45) y no de satisfacer necesidades de acceso en áreas no atendidas. Ello también ha conspirado contra la integridad de redes de atención a la salud, lo que se evidencia en el Departamento del Valle donde existe una correlación inversa entre el costo cama–hospital y el nivel de atención (para los dos primeros niveles) con r = -0,55, r = -0,14 y r = 0,48 para el 1º, 2º y tercer nivel, significando esto que en el primer nivel la cama–hospital es más costosa que en el tercer nivel, producto de las diferencias en el porcentaje ocupacional (46), unido a que los servicios de salud han asumido el riesgo financiero del sistema y para sobrevivir en la competencia (no suficientemente o mal regulada) se convierten en empresas más interesadas en la obtención de puntos de equilibrio financiero que en cumplir con su misión social.
Frente a ello, la respuesta de los niveles locales ha sido volver a recuperar, en las condiciones actuales, el rol rector de la salud en niveles municipales y departamentales, bajo la autoridad de los alcaldes municipales y autoridades departamentales, que permitan impulsar procesos de desarrollo locales basados en la atención primaria de salud, la complementariedad de los escasos recursos, la vigilancia dinámica activa del proceso salud-enfermedad, la referencia y contrarreferencia de pacientes, la integralidad de la atención en salud, la participación social activa y la interacción equipo de salud-comunidad.
No mejoramiento de la calidad en los servicios de
las IPS
Si bien no existen estudios que permitan determinar
si han habido cambios, es de prever que esto no se habría producido en forma positiva,
pues las IPS no pueden invertir ni en bibliotecas, capacitación, ni
investigación, limitándose en esta forma el desarrollo capacitación de sus
recursos humanos (45). De otro lado no se dispone de información actualizada y
organizada acerca de las atenciones y los servicios de salud prestados a los
afiliados, no pudiéndose evaluar el impacto que pueda estar ejerciendo la
reforma en los servicios de salud de la población (47).
No priorización por las
EPS, ARS y alcaldías en la promoción y
prevención
El gasto en
promoción y prevención para 1997 se estimó por parte del Plan de Atención
Básica–PAB, en $ 93 534 859 774 y para el Plan Obligatorio de Salud–POS, en 403
727 930 553 más los aportes del impuesto de las Municiones y Explosivos, a
través del Programa de Prevención de la Violencia y Promoción de la Convivencia
Pacífica, 1 211 millones, lo que sumado da 508 473 790 327 pesos, a esto habría
que sumarle el presupuesto de inversión del Instituto Nacional de Salud
estimado en 5 613 millones para 1999 y el presupuesto del INVIMA en $ 2 547 150
000 pesos para 1999. Esto daría como resultado que aproximadamente el 5 % de
todo el gasto en salud se destina a la promoción y a la prevención (48). En un
estudio denominado “Análisis de la Ejecución de las Actividades de Promoción y
Prevención en las Entidades Promotoras de Salud” durante 1997 se evaluaron 31
EPS. En esta evaluación se obtuvo que en los once programas obligatorios
existentes, cinco de ellos consumen el 86,3 % de los recursos, siendo el programa
de salud oral el primero del gasto con 30,2 %, el segundo prevención de enfermedades
relacionadas con el embarazo, parto y puerperio con un gasto del 18,5 %, el PAI
ocupa el 7º lugar en la inversión con un 2 % y el menor gasto reportado
corresponde al Programa de Prevención de las Enfermedades de Transmisión
Sexual-ETS e infección por VIH–SIDA, y la prevención del tabaquismo,
alcoholismo y farmacodependencia representan un gasto muy bajo, habiendo un
mayor gasto en actividades obligatorias en 1997 comparado con 1996, cuando se
pasó de un 41,8 % a un 74,8 % y las actividades optativas tuvieron una
reducción al pasar de un 44,6 % en 1996 a un 25,1 % en 1997. En las actividades
optativas se encuentran las áreas de educación, publicaciones, vacunas no PAI,
otros tamizajes y otros grupos de riesgo. También ha disminuido el informe de
gasto de actividades no pertinentes, al pasar de un 12,8 % del total en 1996 a
sólo un 0,12 % en 1997. Las no pertinentes son de mercadeo, administrativas,
áreas del POS referidas a consultas de IRA y EDA y otras (49). Una evidencia de
que las EPS no privilegian la prevención de la enfermedad la tenemos en el
hecho que durante 1999 y el 2000 se han presentado dos brotes de Tos Ferina,
uno en la Sierra Nevada de Santa Marta con 7 defunciones de niños, todos los
cuales estaban afiliados y el otro en Antioquia con dos casos de niños también
afiliados y 3 casos de Tétanos Neonatal en Sucre, Tolima y la Guajira en
niños igualmente afiliados
(50). Por otro lado, no obstante que la Resolución 04268 que define el
Plan de Atención Básica del Sistema General de Seguridad Social en Salud en
Colombia, menciona que para facilitar el desarrollo de acciones de promoción
de la salud en el ámbito distrital o municipal estos podrán implementar la
estrategia de municipios saludables como una propuesta de acción local para
movilizar, convocar recursos y comprometer esfuerzos intersectoriales y
comunitarios en la perspectiva de un trabajo integral por el bienestar y el
desarrollo social de su población, esta no es una actividad obligatoria, la
voluntad o no de asignarle recursos para su ejecución queda muy restringida,
pues actualmente ya no se pueden financiar estrategias de atención comunitaria
como casa hogar, boticas comunitarias, escuela de padres, grupos de mujeres
productivas, agentes comunitarios y educativos, comunicación para la
movilización social, escuela de liderazgo, construcción de ciudadanía, la red
del buen trato para la disminución de la violencia intrafamiliar y el maltrato
infantil y otros más, a las cuales el Hospital financiaba y asesoraba. Así
mismo, la estrategia de promoción y prevención unida a la de Municipios
Saludables por la Paz que la OPS ha acompañado desde 1994 y que ha sido motivo
de orgullo, de satisfacción y bienestar para Versalles, motivo de reflexión y
aprendizaje para muchas otras comunidades del país y otros países
latinoamericanos, estarían condenadas a desaparecer (51), no obstante se estudia la aplicación de
proyectos de promoción con recursos del PAB, a través de los RIA,
evidenciándose la expectativa de evitar daños de salud con la intervención.
Desviación de recursos en
favor de intermediarios financieros
La carencia de
buenos Sistemas de Información tanto a nivel de vigilancia de las oportunidades
de vida, como de la vigilancia de la morbi-mortalidad y la falta de una buena
caracterización de la población inscrita en las EPS y ARS, no permiten hacer
una correcta vigilancia y control de la forma como los recursos de salud se
están invirtiendo en el país, considerándose como problema principal el alto
costo de la administración de las EPS,
ARS y ARP y el complejo flujo entre el momento en que los dineros son girados
por el Ministerio y el FOSYGA y el momento en que llegan a las IPS. Todo
apunta a que es el mecanismo de intermediación el mayor culpable, no sólo del
consumo, sino también de la traba y la desviación en el flujo y aplicación de
los recursos (52).
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