Las Zoonosis y sus Determinantes
Sociales: Una Perspectiva a Considerar en
Salud Pública
JOSÉ
ANTONIO MATAMOROS, LUZ HELENA SANÍN
y MANUEL ALBERTO SANTILLANA
Las Zoonosis son enfermedades
transmisibles entre los animales y el hombre. Este documento revisa los
determinantes sociales, económicos y culturales que definen los patrones de
tenencia y explotación de los animales domésticos, debido a su importancia en
el proceso de ruralización de las ciudades, resultado de la migración del campo
a la ciudad y la integración de zonas rurales en la mancha urbana, fenómeno
común en México y otros países de América Latina. Todo ello en función de los
efectos negativos que éste proceso puede tener para la salud animal y en
consecuencia para la salud humana, que en el caso de las zoonosis adquiere el
carácter de problema de Salud Pública. Se propone para su discusión la
atención del problema que las zoonosis representan para la Salud Pública,
desde una visión integral, a través de la incorporación de los recursos
metodológicos de las ciencias
sociales, como una alternativa de
trascendencia a considerar por parte de las instancias responsables de la
organización y planeación de los servicios de Salud Pública.
Palabras claves:
Zoonosis, Determinantes Sociales, Migración, Salud Animal, Servicios de Salud,
Salud Pública Veterinaria.
Las
zoonosis y sus determinantes sociales: una perspectiva a considerar en salud pública
Zoonosis are
communicable diseases between animal and human beings. This document reviews
social, economic and cultural determinants on holding and usufruct of domestic
animals, and their relation with ruralization process of cities because of the
people migration from country-side to cities and rural areas involved by cities
growing, as a common fact in Mexico and Latin-American countries.
All this, bearing
in mind the negative effects of this process migration on animal health and
consequently on human health, that makes zoonosis becomes a Public Health
problem. There is a proposal to be discussed by public health discipline in
order to reach a global scope on zoonosis as a public health problem through
the social view incorporation, all this as a transcendental alternative
solution to be taken in account by responsible authorities on planeation and
organization in public health services.
Key words: Zoonosis, social determinants, migration, animal
health, health services, and veterinary public health.
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as zoonosis como problema de Salud Pública en México, se encuentran
ubicadas en un plano de escasa consideración con respecto a otro tipo de
enfermedades transmisibles. Esta afirmación se basa en el hecho de que, es
pobre la presencia que la Salud Pública Veterinaria tiene como elemento
estructural y funcional en los servicios de salud, considerando que las
zoonosis, la protección a los alimentos y la protección del ambiente, son sus
tres principales ámbitos de acción.
La consideración que
requieren las zoonosis, más allá de la sola propuesta para su valoración en
términos de su morbilidad y mortalidad, implica también generar y ofrecer
alternativas viables para su atención desde una perspectiva integral, que más
allá de una casuística, considere sus determinantes. Esto permitiría, sobre
bases más reales, aspirar a alcanzar logros más significativos en cuanto a su
control, prevención y erradicación.
La tenencia de los animales
y sus implicaciones para la salud humana, tanto en el sector rural como
marginal urbano, está determinada por elementos ancestrales y culturales de
gran arraigo en la población. De ahí que una atención de las zoonosis acorde
con el problema de salud pública que con toda su complejidad estas
representan, justifique para su estudio
el uso de las herramientas metodológicas propias de las Ciencias Sociales.
La finalidad de este ensayo es, en primer lugar, analizar los determinantes más importantes de las zoonosis desde una visión integral. En segundo lugar, concluir sobre sus implicaciones para generar una propuesta conceptual aplicable a la Salud Pública. Finalmente es un tercer objetivo de este documento, hacer una aportación que contribuya para el mejor desarrollo de los programas y acciones relacionadas con la atención de las zoonosis.
IMPORTANCIA DE LAS ZOONOSIS PARA LA SALUD PÚBLICA
El término zoonosis se relaciona con la raíces griegas zoos, animal y gnosis, enfermedad. Su origen se atribuye a Rudolf Virchow, quien
en el siglo XIX aplicó este vocablo para aquellas enfermedades compartidas
entre el hombre y los animales (1). El concepto de zoonosis es definido por la
OMS en 1956, como aplicable a cualquier enfermedad que de manera natural es
transmisible de los animales vertebrados al hombre, siendo modificado en 1959
por el comité de expertos de la OMS, para
denominar así a las enfermedades que se transmiten entre los animales y
el hombre, con ello se pretendió adjudicarle un sentido más amplio y menos
antropocéntrico (1-3). Según Schwalbe y de acuerdo con una opinión de consenso,
una mejor definición incluso en una perspectiva operativo-administrativa sería
la siguiente: “Las zoonosis son aquellas infecciones e infestaciones que en la
naturaleza comparten el hombre y otros animales vertebrados inferiores”(2)
La esencia del tema que se
aborda en este documento está directamente relacionado con la importancia de
las zoonosis, por lo que previo a la
descripción de los determinantes de carácter social, económico, cultural y
ambiental implícitos en la tenencia de animales, se hará una consideración
somera de su presencia en el contexto de la Salud Pública, en América Latina y
en México.
Panorama de las Zoonosis en
América Latina. Para hacer una evaluación global de las zoonosis se debe
considerar primero la calidad de la información, que debe ser completa y
actualizada, aspecto que mucho depende de las posibilidades técnicas y de los
recursos de que dispone la entidad que la genera, así como también de las
condiciones sociales y políticas que existen en el ámbito del que proviene.
Por otra parte, como
resultado de la estrecha relación que
existe entre la salud animal y la salud humana con respecto a las zoonosis, es
necesario analizar en términos de su posible interacción el panorama
epidemiológico teniendo en cuenta el componente epizootiológico, tanto de los
animales domésticos como de la fauna silvestre. En el caso de América Latina
lamentablemente es difícil satisfacer este requisito.
De igual manera es
importante considerar que el daño a la salud que las zoonosis representan, no
corresponde únicamente al que se conoce a través de los casos que clínicamente
y por laboratorio se diagnostican, se reportan y como consecuencia se
registran, porque es indudable que muchos de estos casos son atendidas por
servicios privados y no se conocen, independientemente de si son éstas
identificadas o no como zoonosis. Asimismo, es de suponer que algunos de
los casos de zoonosis, pueden cursar de manera subclínica y como consecuencia
nunca ser diagnosticados. Más aún, seria difícil determinar objetivamente cual
es la carga microbiológica y parasitaria que las zoonosis representan en el
desequilibrio del sistema inmune, como predisponente de otras muchas
enfermedades no zoonóticas, sobre todo en la población infantil considerada
como de alto riesgo en este rubro infectológico y que al igual que los casos
anteriores, son hechos que no aparecen en las estadísticas de salud, de un país
y de una región. Por todo lo anterior, deben quedar claras las limitaciones
implícitas en el análisis aislado de los indicadores epidemiológicos, que por
otra parte son la única información de que se dispone.
Hecha esta aclaración se puede
entonces considerar que, un elemento útil y disponible para conformar un
panorama de la situación que las zoonosis representan para la Salud Pública en
la región, son los informes que la Organización Panamericana de la Salud ofrece
a través de ”Las Condiciones de Salud en las Américas”, correspondientes a
1990, 1994 y 1998, en donde se establece que las zoonosis de mayor importancia
en América, y más específicamente para América Latina, están referidas a
Rabia, Brucelosis, Tuberculosis Bovina y la Fiebre Aftosa. Todo ello en un
marco de trascendencia económica para el sector pecuario por las pérdidas
económicas que representan para su industria, y en forma concomitante, como un
factor de impacto para la salud pública (4-6).
Se agregan a este panorama
la Teniasis y la Cisticercosis, la Hidatidosis y la Encefalitis Equina de
Venezuela. Finalmente, en un plano
menos relevante la Leptospirosis, la Triquinosis y la Peste.
Sin embargo, habrá de
tomarse en cuenta que la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en 1992,
refiere más de 200 enfermedades conocidas que son transmisibles entre animales
y humanos (7), lo que significa que además de las zoonosis antes señaladas,
deba considerarse la posibilidad de la presencia de otras que también afectan,
aunque en menor monto, a la población animal y concomitantemente a la humana.
El Informe de salud en las Américas de la OPS correspondiente a 1990,
señala para el caso de México a la Cisticercosis, la Teniasis, la Brucelosis y
la Rabia como problemas de salud pública. En el informe correspondiente a 1994
siguen siendo prioridad zoosanitaria estas
mismas zoonosis, añadiéndose a este panorama la reaparición de la
Encefalitis Equina de Venezuela, que ya había sido erradicada en la década de
los setentas. Finalmente menciona también este informe a la tuberculosis como
problema de salud animal y su repercusión como daño económico en el ámbito de
la industria pecuaria. Para el correspondiente a 1998, el panorama que ofrece,
no cambia substancialmente, excepto por una disminución en la incidencia de la
rabia, sin que se pueda por ello decir al menos hasta ahora que sea esta una
tendencia definida (4-6).
La situación que guardan las
zoonosis como problema de Salud Pública en México, también puede ser evaluada a
partir de la relación que existe entre la necesidad de la atención y la
respuesta institucional a la misma, que en una perspectiva más amplia, viene a
ser uno de los elementos explicativos de fondo, de la situación epidemiológica
de las zoonosis. Para este fin se propone definir esta relación a través de los
siguientes tres niveles:
En el primero de ellos se ubican las zoonosis que por su presencia en los
registros epidemiológicos y su efecto en la salud humana, traducido en casos,
determinan la existencia de un programa para su control o vigilancia
epidemiológica dentro de la propia estructura organizacional de los servicios
de salud. Tal situación determina en mayor o menor medida cierta
correspondencia con un marco legal, una normatividad técnica y en algunos casos
hasta de infraestructura operativa y su correspondiente financiamiento. Este
es el caso del programa de Control de la Rabia, y en el de vigilancia
epidemiológica, los correspondientes al Complejo Teniasis-Cisticercosis y a la
Brucelosis (8-14).
La vigencia de estos
programas y, por lo tanto sus resultados en el control de las zoonosis, son
variables que están sujetas a cambios determinados por el mayor o menor apoyo que
reciben, fundamentalmente referido a recursos económicos y materiales, todo
ello en función de su importancia como problema de salud en el contexto nacional
o regional.
Así, la voluntad política
traducida en apoyo económico y de recursos, es una condición cambiante en
tiempo y espacio, que finalmente determina lo mismo avances que retrocesos
periódicos en el programa y en sus resultados, pero que no implica
necesariamente involucrar a la población, ni otros componentes de la sociedad
que también están relacionados, imposibilitando cambios permanentes en el
panorama epidemio-epizootiológico.
En un segundo nivel se ubican las zoonosis
cuya presencia en el medio se reconoce por brotes esporádicos o a través de
casos aparentemente aislados, pero que en una perspectiva longitudinal
resultan más o menos frecuentes, y como resultado de iniciativas no necesariamente
oficiales, hasta se cuenta con alguna evaluación directa o indirecta de su
incidencia. Este tipo de zoonosis no cuentan con un programa o una propuesta
de acción institucional. Ejemplos de las mismas son la Toxoplasmosis,
Ascaridiasis, Triquinosis, Leptospirosis, Fasciolasis, Escabiasis, etc.
(15-20).
Finalmente, en un tercer
nivel se ubican aquellas zoonosis cuya presencia en el medio se ignora, y por
lo tanto también se desconoce su importancia para la Salud Pública,
considerándoseles raras. Sin embargo, se registran casos que generalmente han
sido atendidos por servicios privados, que quedan en la categoría de hechos
aislados y sin trascendencia. En esta categoría se podrían incluir zoonosis
como la Diphilidiais, Histoplasmosis, Hidatidosis, Anisaquiasis, enfermedad de
Lyme, fiebre “Q”, Antrax, Muermo, etc. (20-23).
En el campo de la salud animal, las autoridades zoosanitarias cuentan con algunos programas dirigidos a la atención de enfermedades de carácter zoonótico, pero que son consideradas únicamente desde la perspectiva económico-pecuaria. De ahí que estos programas estén concebidos en función de atender y resolver una problemática específica de este sector, que incluye actividades como: vacunación, pruebas diagnósticas de campo, muestreos serológicos, etc. Sin embargo, no se considera el manejo de la información derivada de estas actividades en un contexto epidemio-epizootiológico, tampoco se contempla la conveniencia de una coordinación intersectorial. Aunque debe señalarse que por la relación existente entre la salud animal y la salud humana, en la dinámica epidemiológica de las zoonosis, tanto la ausencia como la ejecución de acciones zoosanitarias repercuten de manera directa e indirecta en la situación epidemiológica, y por lo tanto dentro del ámbito específico de la Salud Pública. Tal es el caso de los programas que se encargan del control de la Rabia Paralítica Bovina, Tuberculosis Bovina, Brucelosis Caprina y la Salmonelosis aviar, añadiéndose en las actividades de este sector y en un renglón especial la inspección veterinaria y monitoreos sanitarios y zoosanitarios efectuados en rastros (24,25).
DETERMINANTES SOCIALES
La
tenencia de los animales y su significado. La relación hombre-animal está
determinada por el origen mismo del hombre y de su evolución, a través del
proceso de integración de los diferentes bienes y servicios que le permitieron
mejorar gradualmente sus condiciones de vida. En el caso de los animales este
proceso es la domesticación y los bienes y servicios están relacionados con
tres aspectos, que son: el recurso animal como elemento de ayuda en el trabajo,
fuente de alimentos y otros varios bienes materiales y como proveedor de
servicios muy específicos en el caso de algunas especies, como son protección y
compañía.(1,26).
El
resultado es que la relación hombre-animal por lo tanto, inicialmente habrá de
definirse de acuerdo con los mismos principios ideológicos que se aplican para
cualquier otro objeto de propiedad. Sin embargo, más allá de esta visión
económica, la relación hombre-animal para ser entendida cabalmente, debe
definirse también dentro de una perspectiva ideológica variada, rica, y a la vez
compleja. Gama que va desde considerar la presencia de los animales como una
buena compañía, una necesidad imperiosa y hasta una deidad (1,27,28). No es
casualidad la representación que algunos animales domésticos tienen en algunas
sociedades, como es el caso de las alcancías en forma de un “cochinito”, simbolizando
el ahorro y significando un bien que es susceptible de acumulación, pero
también asumiendo el papel de entidades sagradas sujetas a adoración, como
sucede con los bovinos en el hinduismo (1).
En
el campo, si bien los grandes consorcios definen pautas de alta tecnificación
en la explotación de la tierra y los animales, así como en la comercialización
de los productos agrícolas y pecuarios dentro de un marco cada vez más definido
por estrategias globalizadoras, por otra parte, todavía una importante
proporción de la población en América Latina que posee recursos en el nivel de subsistencia o de producción en
pequeña escala, mantiene aún vigente el típico y tradicional modelo doméstico,
rústico, no tecnificado y de pequeña escala de tenencia y explotación de sus
animales, independientemente de que sea esta una actividad eficiente o
ineficiente desde el punto de vista costo-beneficio, pero que en esencia cumple
con la función de satisfacer un autoconsumo, contribuir a un pequeño mercado
local o incluso, contribuir a una gran red de abasto, a través de la cual,
finalmente sus productos terminan integrándose a un proceso de
macro-comercialización.
Visto
así, el recurso animal es un elemento que forma parte del patrimonio familiar,
posibilitando de esta manera disponer de ciertos productos y subproductos, o
como mercancía susceptible de venta que permite resolver necesidades ingentes.
Como
resultado de lo anterior, se puede concluir que la relación hombre-animal en el
campo, está determinada por conceptos culturales en lo general y económicos en
lo particular, que convierte al animal en un recurso que, además de todo el
complejo ideológico de estima y posesión implícito en su carácter de
patrimonio familiar, es deseable sea acumulado con carácter de capital, posee
un precio como cualquier otro objeto sujeto a la oferta y a la demanda y, en
consecuencia, posesión y cantidad
constituyen también elementos de diferenciación de clase social.
La
relación hombre-animal en el medio urbano. En la sociedad moderna, incluso en el
caso de las mascotas y animales de compañía, la relación hombre-animal está
bien diferenciada entre campo y ciudad, pero hasta hace relativamente poco
tiempo esta diferencia no era tan clara, incluso se podría agregar que aún hoy
día, no son raros los casos de propietarios de animales que viviendo en la
ciudad, conservan todo el constructo ideológico
que rige la tenencia de los animales tal y como se concibe en el campo.
Entender este fenómeno implica apreciar desde una perspectiva global esta
relación hombre-animal.
Ciertamente
que en el medio urbano no se justifica la presencia del recurso pecuario como
proveedor de muchos de los servicios y bienes que aporta en el campo. Sin
embargo, para el poblador de la ciudad que tiene algún elemento de identidad
con el medio rural puede ser un requerimiento de uso y costumbre hacer
presentes a los animales en el ámbito doméstico de la ciudad, hecho que se hace
posible gracias a que no todas los especies animales que forman parte del
patrimonio familiar son incompatibles con la vida citadina, de esta forma se
da vigencia y se perpetúa la relación hombre-animal en un medio que en la
generalidad de los casos no es el propicio ni para los animales, ni para quien
convive con ellos, circunstancia esta, que habrá de reconsiderarse con más detalle
más adelante.
Migración
campo-ciudad.
Entre los factores importantes de diferenciación en la relación hombre-animal,
en la ciudad y en el campo, está precisamente el tipo de actividad productiva que le son propios a cada caso,
mismo que ha jugado un papel determinante en el fenómeno de la migración
campo-ciudad. La generación, aparente o no, de mejores y mayores fuentes de
trabajo en la ciudad, ha contribuido de manera real y determinante a la
transplantación del campo a la ciudad, no solo del hombre mismo, sino también
de su modelo de relación hombre-animal.
En
México, en la segunda mitad del presente siglo, estas migraciones han
determinado una conversión en la proporción de habitantes del medio urbano con
respecto al rural, pasando de un 35 % y 65 % respectivamente en la década de
los cuarentas, a la relación 59 % y 43% para 1970, y de 73.5 por 26.5 para 1995
(29-31). Este proceso de urbanización generalizable a América Latina, ha sido
denominado “Ruralización de las ciudades” (5,32), y tiene una relación directa
con el fenómeno urbano de la posesión de los animales y por lo tanto con la
relación implícita hombre-animal.
Otro
proceso aunque diferente en su origen pero semejante en sus consecuencias, se
refiere al de aquellas poblaciones del medio rural que, por crecimiento de la
mancha urbana quedan a través del tiempo integradas al medio urbano. Así, la
tenencia de los animales simplemente es algo que se da como un fenómeno
preexistente y normal, pero como resultado de esa conurbación, llega un
momento en el que los animales quedan fuera de contexto.
Por
todo lo anterior y en relación a las ciudades, es común ver que numerosas
familias poseen y conviven con diferentes especies de animales domésticos,
circunstancia común en la periferia de grandes y pequeñas zonas
metropolitanas, en cuyo origen se identifica un crecimiento urbano carente de
planificación, donde predomina una población con una economía familiar urbana
dependiente del sector informal y del subempleo. Esta es una realidad común en
muchos países de América Latina (33).
La
tenencia de algunas especies animales domésticas en éstos sectores, puede también
estar determinada por necesidades muy específicas generadas por las
características propias de esas zonas urbanas y semiurbanas. Es el caso de los
perros, que adquieren una particular importancia reflejada en un número muchas
veces desproporcionado de estos animales en colonias deficientes en servicios
de vigilancia y luz en la vía pública. Los perros se convierten entonces en un
paliativo, más que en una solución, en cuanto a seguridad personal y protección
de bienes.
En
estrecha relación con lo anterior, la Organización Panamericana de la Salud ha
propuesto, cuando no es posible realizar censos de población canina, que se
utilice como base de estimación de universos y metas de trabajo en los
programas de control de rabia canina, una ponderación de un perro por cada
diez habitantes. Sin embargo, es bien sabido por quienes han trabajado en estos
programas, que en algunos casos esta relación pueden verse superada, debido al
cuantioso número de perros existentes en algunos suburbios que tienen características como las previamente
señaladas tal y como sucede en diversas
áreas metropolitanas de México.
Hay
que añadir que fenómenos como los que aquí se señalan, son en parte resultado
de un proceso en el que a través de
varios años se ha venido acumulando carencias y deterioro en las condiciones
de vida de la población, que se traduce
en necesidades sociales que se agudizan frente a la incapacidad institucional
para darles respuesta, y que para su
solución demandan no solo una atención
adecuada, sino también y como condición previa, la
identificación de sus determinantes. Este es el caso de las zoonosis (4,5,
29-33).
TENENCIA DE ANIMALES Y SALUD PÚBLICA
Con base en
los conceptos previamente expresados, procede hacer ahora una revisión de la importancia
que encierra la convivencia con animales por sus implicaciones para la salud
humana, como resultado del papel epidemiológico que los animales pueden
desempeñar como reservorios o transmisores de enfermedades cuya naturaleza es
esencialmente contagiosa.
Para
ello resulta útil la clasificación que identifica a las zoonosis de acuerdo con
las características de su ciclo de transmisión en cuatro tipos diferentes: las
de ciclo directo, para las que es suficiente con la intervención de un
vertebrado; las ciclozoonosis, que requieren de la intervención de más de un
vertebrado; las metazoonosis, que además de un vertebrado requieren también de
la participación de un invertebrado y las saprozoonosis, que para completar su
ciclo demandan la participación de un elemento inerte pero no de un ser vivo
(1).
Inicialmente se establece para la transmisión de una zoonosis de un animal a un humano, que ésta
puede ser por vía directa o indirecta. La relación directa se da cuando se convive
circunstancial o sistemáticamente con los animales, caso que se aplica
principalmente a las mascotas o animales de compañía como perros y gatos, pero
que también puede tratarse de otras especies domésticas como aves canoras o de
ornato, aves de corral, cerdos, bovinos, equinos, y eventualmente otras menos
típicas como primates, roedores,
reptiles, aves y mamíferos silvestres, especies todas que representan
potencialmente, fuentes de contagio para el hombre de una gama amplia de
zoonosis. Este tipo de zoonosis, se relaciona con quienes por una afición o
por una necesidad enmarcada en una determinante social, económica o cultural,
conviven con los animales y el ámbito común es el medio urbano y en muchos
casos el doméstico.
Una
gran parte de las zoonosis más conocidas corresponden a este tipo,
particularizándose en las de etiología viral como la Rabia, Fiebre Hemorrágica;
bacterianas como algunas stafilococosis y clostridiasis; micosis y riquetsiosis
como la dermatofitosis y la psitacosis; sin exceptuar a las parasitarias como
la Toxoplasmosis y la Sarna (23).
La
relación de carácter indirecto es atribuible a aquellas zoonosis, cuyo ciclo de transmisión debe
integrarse a través de la intervención de diferentes elementos del medio ambiente
como suelo, agua, alimentos, materia orgánica proveniente de los animales y
vectores que intermedian el contacto, que de acuerdo con lo que previamente ha
sido establecido corresponden indistintamente a las categorías de metazoonosis,
saprozoonosis o ciclozoonosis (1). Estas son abundantes en etiología y versátiles
en su forma de transmisión como la Leptospirosis, Brucelosis, Hidatidosis,
Encefalitis Equina de Venezuela, Filariasis, Chagas, Hidatidosis,
Dipilidiasis, etc.(23).
Por
último, debe considerarse el caso de aquellas otras zoonosis que pueden ser
transmitidas, lo mismo de manera directa que indirecta, incluidas en ellas
varias de las mencionadas anteriormente (1,23).
De
las potenciales situaciones de contagio, derivadas de la presencia de los
animales en un medio común para animales y humanos, se puede diferenciar
entonces aquel contacto que de manera voluntaria se establece, como es el caso
de quienes poseen animales como resultado de un interés solo estimativo, y que
se ejemplifica en las mascotas o, por una circunstancia en la que media el
interés económico y de servicio, correspondiendo ésta a animales de trabajo,
guardia o proveedores de algún producto de consumo.
Debe
hacerse énfasis en la circunstancia que implica el contacto involuntario e
ignorado, resultado de la convivencia con los animales por vecindad o por el
uso de espacios comunes, como sucede en patios, calles y los parques públicos,
en donde el suelo, al agua y hasta el aire, sirven para hacer posible este
contagio. Un ejemplo típico de estos casos son las ascaridiasis atribuibles a Toxocara canis, leonina y felis, para
las que, a través de estudios realizados en ciudades como la de México, se han
encontrado concentraciones significativas de huvecillos de estos parásitos en
parque públicos, resultado de la contaminación por heces de perros en áreas
verdes, en donde la población más expuesta son los niños (15-17).
El
resultado final es que, estableciéndose que las zoonosis se pueden transmitir a
partir de los mismos animales, otras formas de vida o bien, a través de
vehículos y materia inerte, el riesgo de contraer una zoonosis no está definido
por la posesión o no de los animales, ni es tampoco una decisión el asumirlo
con conocimiento de causa, simplemente se refiere a un hecho epidemiológico de
carácter ambiental y por lo tanto, a un evento definible como riesgo, que
adquiere características particulares en el contexto urbano.
LA SALUD ANIMAL EN EL CONTEXTO URBANO
Ha sido descrita ya una realidad de condiciones adversas en la que se
encuentra inmerso el complejo hombre-animal, que corresponde a esos sectores
urbanos empobrecidos, significándose así como un medio que no satisface las
condiciones de saneamiento básico para la población humana, y menos aún para sus
animales.
Es así que la disponibilidad
de agua, de alternativas para la disposición de los desechos, de ventilación,
espacio e infraestructura de alojamiento, son requerimientos que no se
satisfacen o están severamente limitados en las ciudades, lo mismo que la
posibilidad de producir o disponer de alimentos adecuados para los animales,
que generalmente tienden a ser más escasos y más caros en el medio urbano.
Todos estos hechos en su conjunto, se traducen en condiciones desfavorables que propician un aumento en la susceptibilidad de los animales para desarrollar y para transmitir, diversas enfermedades zoonóticas y no zoonóticas, muchas de las cuales no se presentan con la misma frecuencia e intensidad en el campo.
APROXIMACIÓN A UNA VISIÓN INTEGRAL
Son dos las necesidades concretas en las que los recursos
metodológicos con que cuentan las ciencias sociales pueden colaborar con la Salud
Pública. Una se refiere a la identificación y definición de las razones que subyacen
en la relación del hombre con los animales domésticos, particularizando en el
caso de sectores de la población, en donde este fenómeno se hace complejo por
razones sociales y económicas, tal y como sucede en América Latina. La otra se
refiere a la identificación, por la propia comunidad, de alternativas de
solución que permitan atenuar o erradicar el riesgo de las zoonosis y
consecuentemente, involucrar a la población en la implementación y ejecución de
las mismas.
Los estudios
etno-antropológicos pueden representar una valiosa ayuda para discernir
factores que hasta ahora no han sido identificados en la relación que establece
la población con sus animales. El trabajo con grupos focales y la entrevista a
profundidad, son estrategias que se presentan también como una excelente opción para conocer el punto de los
propietarios de los animales y de sus vecinos, no solo del problema, sino
también de sus soluciones.
La estrecha convivencia con
los animales y los riesgos que ésta implica desde el punto de vista sanitario
y zoosanitario, son eventos que solo a través de un acercamiento sistemático y
sensible, permitirá su identificación, en ese sentido las técnicas de observación, en relación con los patrones implícitos
en la tenencia y manutención de los animales por parte de la comunidad, son
sin duda alguna, un excelente recurso metodológico para conocer las prácticas
cotidianas que definen estos riesgos.
Se puede decir en síntesis, que los métodos de aproximación a la comunidad con que cuentan las ciencias sociales, están estrechamente vinculados con la posibilidad también de acceder a esos determinantes, considerando que hasta ahora, las acciones que vinculan a las autoridades de salud y sus programas con la población, solo han sido de carácter vertical, a través de emplazamientos y sanciones administrativas, que adjudican a las autoridades de salud y a sus programas un carácter ajeno a los intereses de la comunidad y que en el mejor de los casos, como sucede con las campañas intensivas de vacunación antirrábica, si bien plantean una estrategia preventiva, finalmente solo establecen un vínculo temporal de un servicio impersonalizado, que no toca el punto neurálgico del problema, que es el de que la población asuma como propia, la necesidad de dar una respuesta integral y permanente a un riesgo para la Salud Pública, basada en la tenencia responsable de sus animales, coadyuvando así con las posibilidades de éxito de los programas, no solo de la atención de las zoonosis, sino también de otros riesgos de salud en donde la relación entre comunidad e instituciones y sus programas, definen perspectivas de éxito o fracaso en materia de Salud Pública en general y de la salud ambiental en particular.
La necesidad de un cambio en
la perspectiva de atención de las zoonosis. La visión que define la atención de
las zoonosis considera la esencia del problema, con base en la identificación y
definición de una entidad nosológica transmisible, a partir de un animal
vertebrado.
La atención del problema de
salud pública que representan las zoonosis, se apoya en actividades como la
vacunación, aislamiento, cuarentena y la eliminación de los animales enfermos
y sospechosos.
También forman parte de los
recursos para su atención, la base legal y la regulación sanitaria que se
aplica a la propia tenencia y explotación de los animales, a los procesos de
industrialización y a la comercialización de sus productos, que finalmente
mantienen la misma perspectiva referida a la transmisibilidad a partir de los
animales o materia orgánica derivada de los mismos.
Dentro de toda esta visión
se asume que la alternativa esencial de prevención, radica en controlar o
prevenir las zoonosis en los animales. Sin embargo, en un intento de
visualizar de manera diferente este tópico, cabría señalar que, el concepto
implícito no ha superado substancialmente la concepción que corresponde a la
definición de zoonosis propuesta por Virchow, hace más de cien años.
Es evidente que las zoonosis
son solo la manifestación de un problema que más que de salud animal, es de
Salud Pública, que no pueden ser delimitadas al organismo de un animal
doméstico o silvestre, pero que en cambio, como fenómeno que atañe a la salud,
solo puede ser cabalmente contextualizadas en una perspectiva ambiental.
Una zoonosis, más que un
caso de enfermedad transmisible, requiere ser visto como la manifestación de
un complejo, en el que la enfermedad es solo la resultante de un proceso en el
que convergen diversos factores, relacionados con las variables epidemiológicas
de tiempo, espacio y población, pero también con las de carácter económico,
social y específicas de orden cultural.
Los animales, en su carácter
de organismo huésped, son solo un ámbito mínimo que los convierte en
transmisores o portadores de un determinado agente etiológico, y por lo tanto
de una enfermedad: Sin embargo esos animales pertenecen a un macroambiente que
interrelaciona por igual clima, flora, fauna y un componente demográfico, su cultura y su organización social.
Todo ello conforma un marco epidemiológico en el que presenta no una, sino
varias y diferentes zoonosis, como un solo riesgo epidemiológico caracterizable
y propio de ese medio físico, económico y social.
Desde una visión
estrictamente biológica, lo que importa definir es la zoonosis, su etiología y
su patogenia. En cambio, desde la perspectiva de la Salud Ambiental, lo que
importa definir es el riesgo, hecho que a su vez conduce a una necesidad y
a un planteamiento diferente de
atención, tanto a nivel de control como de prevención, que en forma y en
esencia difiere de los contemplados desde la perspectiva puramente infecciosa.
De acuerdo con ello, resulta
de fundamental importancia que la Salud Pública Veterinaria, que es la parte de
la Salud Pública a la que corresponde la atención de las zoonosis, plantee y
aborde el tema, ya no desde la perspectiva biologicista, sino desde una
perspectiva ambiental, en donde también quedan incluidos los aportes de las
ciencias sociales.
Además
de todo lo anterior, es necesario llegar a la comprensión de la verdadera
interdisciplinariedad, para que con las aportaciones integradas sea posible
acercarse desde una visión multidisciplinaria a la realidad, en este caso
representada por los problemas de salud que afectan a la comunidad, y así
lograr transformarla, que en el correspondiente orden de ideas equivale a
aportar alternativas de solución sustentables para la atención de las zoonosis.
En tanto salubristas, ese es el reto. Las zoonosis son sólo un ejemplo para
demostrar no sólo la utilidad, sino la necesidad de incorporar esa visión
interdisciplinaria, que en este caso está representada por las ciencias
sociales en el ámbito de la Salud Pública ·
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