Los Escenarios del Delito en Cinco Ciudades

 

JOANNE KLEVENS, OFELIA RESTREPO, JUANITA ROCA

y ADRIANA MARTINEZ

 

RESUMEN

 

La información suministrada por 223 hombres de 18 a 29 años sindicados y aprehendidos por distintos tipos de delitos e identificadas de manera conse­cutiva en Pereira, Bucaramanga, Tunja, Villavicencio y Florencia, señala que la mayoría de los delitos se cometieron entre Viernes y Domingo, en ho­ras diurnas y en la calle, y fueron dirigidos principalmente hacia desconoci­dos. Predominan los delitos contra el patrimonio económico. En el  33 % y 13 %, el delito se cometió después de ingerir alcohol o droga.

 

Palabras claves: delincuencia, criminalidad, violencia, circunstancias

 

ABSTRACT

The scenes of crime in five cities

 

Information obtained from a sample of 223 male offenders between the ages of 18 and 29 consecutively identified in five cities in Colombia indicate that the majority of the offenses reported occurred between Friday and Sunday, during the day, in the street and involved strangers. Property offenses were most frequently reported. Only 33 % and 13 % of the offenses were com­mitted after consuming alcohol or drugs.

 

Key words: delinquency, crime, violence, circumstances

 

 

La violencia es un problema prioritario de salud pública en Co­lombia. El 15,5 % de las muertes se atribuyen a homicidios (1) y es la primera causa de Años de Vida Potencialmente Perdidos (2). Aunque en los medios de comunicación se destaca la violencia relacionada con el conflicto armado, en realidad, éste contribuye poco al número de lesionados y muertos por esta causa en el país siendo más importante las lesiones atribuidas a las riñas y la delincuencia común (3). Aproximadamente un 12 % de los hogares colombianos son víctimas de algún delito en un año, siendo lo más común los robos y atracos (4). Si bien se ha avanzado en el entendimiento del pro­blema, la in­vestigación empírica sobre sus posibles causas en el país se ha con­centrado en análisis de tipo ecológico, en donde se correla­cionan indi­cadores de violencia con indicadores como la pobreza, de­sigualdad, carencia de servicios básicos, impunidad, presencia de gru­pos arma­dos, entre otros. Además de las limitaciones inherentes a este tipo de estudio (5), éstos y otros trabajos tienden a subestimar la vio­lencia co­tidiana a nivel urbano y aportan poco en cuanto a los factores asocia­dos a la violencia a nivel individual.

 

Uno de los primeros pasos en el estudio de los problemas en la sa­lud pública es el análisis del tiempo y lugar de ocurrencia del evento con el fin de plantear hipótesis sobre sus posibles causas o medidas de prevención. Es poco lo que se conoce en este sentido en Colombia. Las estadísticas de la Policía se limitan a la magnitud y tipificación del delito con sus variaciones a través de los años, a los Departamentos o ciudades principales, y a una descripción demográfica de las personas sindicadas y aprehendidas por distintos delitos. Su información sobre embriaguez o consumo de droga se limita al momento en que la per­sona es aprehendida (no cuando ocurrió el evento).

 

Según las estadísticas de Medicina Legal, que se circunscriben a le­siones fatales y no fatales evaluadas por la institución, y a la informa­ción que logran recolectar (80 % de los datos sobre el lugar del hecho, 44 % en cuanto a la relación entre la víctima y el agresor y 35 % en cuanto a posible móvil en los casos de homicidio),  la mayoría de los homicidios y lesiones ocurren en la calle,  los primeros a mano de desconocidos y con arma de fuego, y las segundas entre conocidos pero no familiares, con arma contundente. Las riñas, los atracos y “ajuste de cuentas” son los principales móviles identificados. Su in­formación sobre consumo de alcohol o droga se reduce a las víctimas.

 

En una encuesta reciente en la población de Bogotá, los hombres, empleados o estudiantes, de estratos medio y alto, con frecuente y alto consumo de alcohol, que frecuentaban sitios solitarios tenían mayor riesgo de ser víctimas de atracos (6). Con el fin de aportar información adicional sobre las circunstancias específicas del delito, en este trabajo se describen la hora y lugar donde ocurrió, la frecuencia de consumo de alcohol o droga anterior a su comisión, y, en casos de lesiones a otros, la relación con la víctima. 

 

MÉTODOS

 

Los datos que se presentan en este artículo, forman parte de un estudio de casos y controles realizado con el fin de describir la historia natural de la delincuencia en Colombia y los factores de riesgo asociados a ella (7). En ese estudio, los casos se seleccionaron en forma consecu­tiva de la población de hombres de 18 a 29 años (por ser el grupo po­blacional que concentra la mayor proporción de los delitos) sindicados de algún delito (8), residentes de la ciudad (con el fin de corroborar la información personal con su madre o sustituta), y detenidos en los úl­timos 15 días en el centro de retención principal de las ciudades de Pe­reira, Florencia, Tunja, Bucaramanga y Villavicencio (ciudades de di­ferentes regiones y condiciones socioeconómicas y con altas tasas de delincuencia en el país en el año anterior al estudio (8). Se excluyeron a los individuos que, cumpliendo con las condiciones anteriores, re­chazaron participar en el estudio; a los que presentaran impedimentos mentales (como retardo mental) o físicos (sordera o problemas de len­guaje) que impidieran responder o disminuyera la confiabilidad de sus respuestas, o que negaran haber cometido algún delito. También se excluyeron personas sindicadas de asonada por no ser de interés para el objeto de la investigación.

 

De los 1 835 personas detenidas durante el período de recolección de la información, el 38,7 % cumplieron con los criterios anteriores, siendo la no residencia la razón principal para su no inclusión. Dos­cientos cincuenta tres hombres (36 % de los que cumplieron con los criterios de inclusión) estuvieron disponibles para la entrevista. De éstos, 16 se excluyeron por impedimentos en el lenguaje, retardo mental, embriaguez o consumo reciente de droga. Otros 14 rehusaron participar. Estos tendían a ser más jóvenes y tener madres con menor nivel educativo que los participantes, pero las diferencias no alcanza­ron a ser significativas. En total, se contó con la participación de 223 hombres (entre 42 y 46 por ciudad).

 

Se diseñó una entrevista estructurada con base en los resultados del estudio cualitativo de Klevens y Roca (9), e instrumentos existentes para recolectar información sobre las características familiares e indi­viduales del participante y las circunstancias específicas del delito actual. En cuanto a éste último, se estableció el tipo de delito, el lugar, día de la semana y hora del día en que ocurrió, la frecuencia de con­sumo de alcohol o droga anterior a su comisión y la relación con la víctima. En cada ciudad se seleccionaron y entrenaron 2 entrevistado­res, en su mayoría hombres. La recolección de la información fue su­pervisada directamente por un coordinador en cada ciudad (también previamente entrenado). Las entrevistas a los casos se realizaron en el lugar de de­tención, en un sitio privado, sin otras personas presentes y se le garan­tizó a la entrevista completa confidencialidad de la infor­mación sumi­nistrada. En el 4 % de los casos, no se obtuvo informa­ción del entre­vistado por lo cual se obtuvo esta última de los registros de la Policía. Diariamente cada formato de entrevista fue revisado por el coordina­dor para detectar información faltante o inconsistente, caso en el cual era devuelto al entrevistador para su corrección. Los datos fueron pro­cesadas mediante el paquete estadístico SPSS. Para la tota­lidad de las variables, se establecieron sus valores máxi­mos y míni­mos con el fin de identificar inconsistencias. Los errores detectados de esta forma fueron corregidos verificando el valor en la encuesta. Los datos se analizaron mediante tablas de contingencia, utilizando la prueba de chi cuadrado para establecer posibles diferen­cias estadísti­camente signifi­cantes. Se estableció como límite de signi­ficancia un valor de p < 0,05.

 

RESULTADOS

 

La población entrevistada tuvo un promedio de edad de 23 años; la mayoría había recibido algún grado de instrucción secundaria (47,7 %) o primaria (45,5 %);  sólo un 5 % era analfabeto y el 1,8 % tenían estudios superiores.

 

La mayor proporción (50,6 %) correspondió a delitos contra el pa­trimonio, (robo, atraco, fraude, estafa y vandalismo) principalmente el hurto, seguido por los delitos contra las personas (28,2 %), incluidos los delitos sexuales (2.7% del total de los delitos). Aunque no se ob­servaron diferencias significativas en esta distribución por ciudades, en Tunja y Pereira la proporción correspondiente a homicidios tendió a ser menor que en las otras ciudades, pero las lesiones personales fue­ron mayores. Por otra parte, en Bucaramanga y Florencia, y en menor grado en Villavicencio, la proporción de homicidios fue especialmente alta y superó el porcentaje correspondiente a las lesiones personales.

 

En casi la mitad  de los casos (42,9 %) en que se presentaron lesio­nados o muertos, la víctima fue un desconocido y, en otra tercera parte fue un conocido pero no familiar ni amigo, sin diferencias significati­vas entre las ciudades. Tampoco se encontraron diferencias estadísti­camente significantes en esta distribución cuando se compararon ho­micidios, lesiones personales o delitos sexuales. Ninguno de los casos entrevistados informó haber lesionado a algún familiar y gran parte de los casos de hurto fueron de extraños. Casi la mitad de los delitos re­portados por los entrevistados se co­metieron los días Viernes, Sábado o Domingo (48,6 %), sin diferen­cias significativas entre las ciudades. Por otro lado, más de la mitad de los delitos se cometieron en horas diurnas (57,7 %) y otro 20,6 % se cometieron en las primeras horas de la noche (antes de las 10 p.m.). Aunque se conservó el patrón general, en Pereira y Florencia, la ma­yoría de los delitos ocurrieron en horas diurnas, mientras que en Buca­ramanga se concentró un alto porcentaje de delitos en las primeras ho­ras de la noche, y en Tunja y Villavicen­cio, fue mayor la proporción de delitos cometidos en la tarde y en la noche (p<0,05).

 

En cuanto al lugar de ocurrencia, en general, la mayoría de los de­litos ocurrieron en la calle (47,9 %), pero en Bucaramanga, la propor­ción de éstos fue menor (Figura 1). A su vez, en Bucaramanga y Tunja se cometieron más delitos en establecimientos públicos con expendio de licores que en las otras ciudades (p<0,01).


 


En el 66 % de los casos no se consumió alcohol, siendo mucho más alto este porcentaje en Tunja (p<0,01) y en el 87 % no se consumió droga. El consumo de alcohol fue más frecuente en los delitos contra las personas que en los delitos contra el patrimonio. El consumo de droga fue mayor entre los casos de estafa y homicidio.

 

El 38,2 % de los casos reportaron antecedentes de detención. Entre ellos, más de la mitad (58 %) fueron detenidos anteriormente por al­gún delito contra el patrimonio y el 22,6 % fueron detenidos por le­siones a otros. No parece haber tendencia hacia la especialización en el tipo de delito. Entre los sindicados de homicidio con antecedentes, la mayoría lo tenían por delitos contra el patrimonio. Igualmente, entre aquellos sindicados de delitos contra el patrimonio, varios tenían ante­cedentes de lesiones a otros, incluyendo homicidios, aunque la mayo­ría tenían antecedentes de delitos contra el patrimonio. Las lesiones personales fue el antecedente más frecuente entre aquellos actual­mente involucrados en lesiones personales.

 

La proporción de quienes tenían antecedentes de detención en cada ciudad varió entre 22 y 63 % (p<0,001). En Bucaramanga, los antece­dentes de detención correspondieron a delitos contra el patrimonio (87,5 %) y narcotráfico (12,5 %). En Pereira, Villavicencio y Floren­cia alrededor de la mitad de los antecedentes correspondieron a delitos contra el patrimonio seguido por lesiones a personas. En Tunja, el an­tecedente más frecuente fue el de lesiones personales (43 %). Aunque un 42 % de los casos fueron detenidos por primera vez entre los 18 y 20 años, el 29 % dijo haber sido detenido por primera vez antes de los 18 años, siendo este antecedente especialmente alto en Pereira y Flo­rencia aunque las diferencias no alcanzan a ser estadísticamente signi­ficativas.

 

DISCUSIÓN

 

Los datos sobre tiempo y lugar obtenidos directamente de los victima­rios nos señalan que la mayoría de los delitos en esta población se cometieron entre Viernes y Domingo, en horas diurnas y en la calle, y fueron dirigidos principalmente contra desconocidos. Predominaron los delitos contra el patrimonio económico y en la minoría hubo con­sumo de alcohol o droga, previamente a su comisión.

 

Antes de analizar las implicaciones de estos datos, es necesario se­ñalar algunas limitaciones metodológicas. Primero, los datos se basan en personas aprehendidas. Según una encuesta del DANE, apenas un 36 % de los delitos son denunciados a la Policía (4) y el número de personas aprehendidas por delitos corresponde a apenas el 30% del número de delitos reportados (8), de manera que los estudios realiza­dos sobre población aprehendida (como este estudio) se restringen ne­cesariamente a una población altamente seleccionada.

 

Además, aunque la población de casos estudiados es comparable a la población de aprehendidos en cuanto a su nivel de educación y ocu­pación según las estadísticas de la Policía, éstas nos indican que la mayoría son aprehendidos por delitos contra el patrimonio (33 %), delitos contra la vida (28 %) y delitos contra la seguridad pública (24 %), que en su mayoría correspondieron al cultivo, transporte y comer­cio de droga. Al comparar esta distribución con la población incluida en este estudio, se observa que la muestra incluyó un porcentaje mu­cho mayor de delitos contra el patrimonio (59 %) y muy pocos delitos contra la seguridad pública. Estas diferencias deben tenerse en cuenta al analizar las características de esta población. También es necesario recordar que el estudio se limitó a hombres entre los 18 y 29 años, dada la mayor frecuencia de este tipo de población entre los aprehen­didos (93 % fueron hombres y 58 % tenían de 18 a 30 años) (8) que residían en la ciudad, de manera que estaban subrepresentados los mi­grantes sindicados de cualquier delito.

 

Teniendo en cuenta estas limitaciones, las diferencias en cuanto a las circunstancias del delito en estas cinco ciudades no fueron tan grandes como se esperaba, a pesar de las diferencias culturales y eco­nómicas existentes; por ejemplo, las migraciones junto con el cultivo de coca en Villavicencio y Florencia, la población estudiantil en Tunja, y el auge del narcotráfico en Pereira. Lo anterior hace pensar que el problema de delincuencia no obedece a condiciones específicas de una localidad, sino que muchas condiciones diferentes pueden ge­nerar un clima propicio para la delincuencia.

 

Al menos en esta población, parece que el delito no es el resultado de tragos o conflictos, sino de otros factores que anteceden las cir­cunstancias de tiempo y lugar. Aunque factores como los antecedentes familiares de criminalidad, la extrema pobreza, separaciones de los padres y la violencia doméstica destacaron como factores de riesgo en el análisis bivariado de los datos, al comparar (mediante regresión lo­gística) a este grupo de delincuentes con hombres del mismo vecinda­rio que no habían cometido delitos, sólo las características de la madre (edad, supervisión y capacidad para afrontar los problemas) siguieron siendo predictores significativos de delincuencia (10).

 

Sin embargo, los análisis adicionales realizados con los datos de este estudio nos indicaron que la población de delincuentes no era homogénea sino que agrupaba al menos dos subpoblaciones con ca­racterísticas familiares, individuales e historia natural distintas aunque no se diferencian en cuanto a las características del delito (11). Un primer grupo, denominados en el estudio “precoces”, presentaron problemas a muy temprana edad (más de la mitad antes de los seis años), especialmente hiperactividad, rabietas, baja tolerancia, desobe­diencia, mentiras, impulsividad, destructividad y agresión. En la ter­cera parte de ellos, estos problemas persistieron en la edad escolar. Otros signos tempranos frecuentes fueron el ausentismo y deserción escolar antes de los 10 años, y el robo y fugas del hogar antes de los 13 años. En su vida adulta tuvieron muchas dificultades: problemas con el alcohol y consumo de droga, y eran más violentos ya que pre­sentaron con mayor frecuencia antecedentes de lesión a otros, porte de armas y agresión a la mujer. Los principales factores de riesgo para este grupo son: antecedentes familiares delictivos, padre menor de 20 años en el momento de nacer, maltrato físico, tratos crueles, conflicto en la familia, separación permanente de padre o madre, problemas económicos graves, mayor  número de estresores (agudos y crónicos), y una madre (o sustituto) con poca capacidad para afrontar los pro­blemas, ausente, poco pendiente, y rechazante.

 

Un segundo grupo,  denominados “tardíos”, presentaban pocos o ningún signo de comportamiento antisocial antes de la adolescencia. Sin embargo, la deserción escolar se dio a una edad más temprana en esta población en comparación con los “precoces”. El estudio identi­ficó muy pocos factores de riesgo asociados a este grupo, entre ellos: tener un padre mayor de 40 años en el momento de nacer, familia in­completa, separación permanente de la madre, separaciones tempora­les del padre antes de los seis años, y problemas económicos graves.

 

La existencia de estos dos grupos tiene varias implicaciones. Pri­mero, la necesidad de ajustar las intervenciones para atacar los facto­res de riesgo específicos en cada grupo. Muchos esfuerzos en la pre­vención de la violencia se centran en el adolescente pues durante este período las manifestaciones de agresión y comportamiento antisocial llegan a su pico. En parte, se debe a que se mezclan las dos poblacio­nes: los precoces y los tardíos. Es posible que estas intervenciones sirvan para el delincuente tardío pues según la literatura, el problema de comportamiento del delincuente tardío se debe a la falta de opcio­nes y la carencia de supervisión (12) aunque es necesario explorar mejor este tipo de delincuencia en investigaciones futuras en Colom­bia.

 

Sin embargo, aunque los delincuentes precoces son la minoría dentro de la población total de delincuentes, parecen contribuir de manera desproporcionada a las tasas de delitos. En un estudio de cohortes, se encontró que este grupo constituía la minoría del total de delincuentes (5 a 6 %) pero eran responsables de la mitad de los deli­tos registrados (13). Para los delincuentes precoces, los programas de intervención que se inician en la adolescencia parecen tener poco im­pacto. Incluso, para que el encarcelamiento tenga algún impacto sobre este tipo de delito, tendrían que aprehenderlos mucho más temprano en su carrera delincuencial. Además, según algunos estudios, el encar­celamiento o castigo incrementó el número de delitos reportados por la población de delincuentes en vez de disminuirlos (13). La  aparición temprana de problemas, su persistencia y los múltiples factores de riesgo de tipo familiar, hacen pensar en la necesidad de intervenir en la familia desde la más temprana infancia apoyando el trabajo de crianza ¨

 

REFERENCIAS

 

1. Ministerio de Salud. Estadísticas de Mortalidad. Bogotá: Ministerio de Sa­lud, Sección de Estadística;1990.

2. Ministerio de Salud Estudio Sectorial de Salud. Documento General.Tomo 1. Bogotá: Ministerio de Salud-Departamento Nacional de  Planeación;1990.

3. Centro de Referencia Nacional sobre Violencia. Comportamiento de Le­siones de Causa Externa, Colombia. Bogotá: Instituto Nacional de Medi­cina Legal y Ciencias Forenses;1998.

4. DANE. Encuesta Nacional de Calidad de Vida 1997. Bogotá;1998.

5. Kleinbaum DG, Kupper LL, Morgenstern H. New York:Van Nostrand Reinhold;1982. p 79-80.

6. Duque LF, Klevens J, Ramírez C. Epidemiología de la Violencia en Santa Fé de Bogotá. Informe Técnico presentado a Colciencias. Bogotá;1997.

7. Klevens J, Restrepo O, Roca J,. Martinez A. Epidemiología de la Delincuencia. Informe Técnico presentado a Colciencias. Bogotá;1997.

8. Criminalidad 1996. Bogotá: Policía Nacional; 1997.

9. Klevens J,  Roca J. Nonviolent Youth in a Violent Society: Vulnerability and Resilience in the country of Colombia. Viol. Vict. ;1999.14:1-12.

10. Klevens J,  Roca J,  Restrepo O, Martinez A. Risk Factors for Adult Male Criminality in Colombia (En edición).

11. Klevens J,  Restrepo O,  Roca J,  Martinez A. Comparison of Offenders with Early- and Late-Starting Antisocial Behavior in Colombia. J. Offender Therapy Comparative Criminology (En edición).

12. Moffitt T. Adolescence-Limited and Life-Course-Persistent Antisocial Behavior: A Developmental Taxonomy. Psychological Review;1993.100: 674-701.

13. Farrington DP.  The Development of Offending and Antisocial Behavior from Childhood: Key Findings from the Cambridge Study in Delinquent Development. J. Child Psychology Psychiatry;1995.360: 929-964.

 

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